Tras la brillantísima victoria de la jornada inaugural frente a la Penya, toca visitar a otro histórico de nuestro baloncesto, Manresa. Después de pasar algunas temporadas convulsas, volvieron a encontrar el camino de la mano de Pedro Martínez al que sucedió con excelente resultado Diego Ocampo. Un estilo de juego claro y definido en el que el ritmo resulta clave.
Un ritmo que intentan hacer de un generoso despliegue defensivo, con una estructura en la que las normas y los detalles prevalecen y con muchos pequeños ajustes que sorprenden al rival en momentos escogidos del partido. De ahí nace su ataque con la innegociable idea de no renunciar a cualquier buen tiro o posibilidad de uno contra uno, es decir, no dejar pasar ninguna ventaja, por pequeña que sea, con independencia del momento de la posesión en que se produzca. En la tendencia que muestra el baloncesto actual y que cada día que pasa va más allá.
Con una plantilla con un extraordinario físico llena de atletas y en la que a la vez, creo, han buscado muchos buenos manejadores y constructores de bloqueo directo para mejorar su rendimiento pasado en estas situaciones que resultan tan decisivas. Hugo Benítez, Ferran Bassas, Rafa Villar, Beaufort. Con exteriores de nivel como Kolenda y Notae y con un surtido de pívots y alas pívots que equilibran físico y capacidad de generar.
Llegan tras caer en Eurocup ante el potente PAOK de Salónica a domicilio, esperando a Benítez y viendo la evolución de Oriola. Partido de máxima exigencia, uno más para el Breo. Mucha suerte, como siempre.