Antonio Álvarez: «Prefiero comer caldo acompañado que marisco solo»

Se jubila el abogado y fundador de la asociación Castaño y Nogal y durante casi 30 años asesor en la extinta Caixa Galicia

Antonio Álvarez, junto a una sobrina y su profesora en la escuela unitaria de Quintá, Helena Villar Janeiro
Antonio Álvarez, junto a una sobrina y su profesora en la escuela unitaria de Quintá, Helena Villar Janeiro

LUGO / la voz

Cuando uno llega a la jubilación es inevitable echar la vista atrás y analizar toda una trayectoria profesional y personal para entender mejor los años que le quedan a uno por delante. La pasada semana, Antonio Álvarez González (Quintá de Cancelada, Becerreá, 1950) recibió en A Coruña un sonoro homenaje de compañeros, empresarios, clientes, amigos y familiares con motivo de su jubilación como abogado tras 52 años cotizados. Fue un reconocimiento en el que no faltaron los discursos, la emoción y la música, que puso el medievalista Eloy Vázquez. Incluso, a la cita acudió su familia de Becerreá, como su madre, Serafina, de 91 años, su tío Abelardo de 91 y la profesora «que fue decisiva en mi vida en la escuela unitaria», Helena Villar Janeiro.

Álvarez recuerda aquella escuela donde se agolpaban una treintena de chavales de diferentes edades y que la vida acabó llevando a cada uno fuera de aquel rural tan hostil y que expulsaba a sus hijos a la emigración. Antonio fue uno de ellos y con 16 años se marchaba para A Coruña, dejando atrás a su padres, humildes caseros de una de las grandes familias de la montaña lucense, los Peñamaría.

Álvarez, en el homenaje, con Fernando Bello Garnelo y María Jesús Fernández Ollero
Álvarez, en el homenaje, con Fernando Bello Garnelo y María Jesús Fernández Ollero

Pero gracias, afirma, a los valores y la educación que recibió de su vecina Villar Janeiro, Álvarez comenzó a socializarse en una ciudad tan diferente del mundo que procedía. Comenzó trabajando en la Coca Cola pero pronto se dio cuenta que para progresar tenía que estudiar: «La vida te va deparando necesidades sucesivas y tienes que ir afrontando los dilemas en cada momento, y siempre tuve claro que lo único que nos hace libres es la educación».

Terminó el Bachillerato y accedió a la universidad, donde a través de la UNED sacó al unísono la diplomatura de Relaciones Laborales y la licenciatura de Derecho, pero por el camino le surgieron esos inconvenientes que prueban la residencia de una persona. Por un lado, como responsable de la delegación de la UNED de A Coruña le tocó lidiar con la decisión de cerrarla. «Me tuve que movilizar, llamando a muchas puertas, y al final conseguí el apoyo de concellos, como el de Lugo, diputaciones y empresas para mantener la UNED. Había más de 800 alumnos, muchos de Lugo, y como aún no había campus lucense, sería un drama el cierre».

Última página de La Voz de Galicia de diciembre de 1969 en la que un joven Antonio Álvarez hablaba dle futuro de Galicia en el año 2000
Última página de La Voz de Galicia de diciembre de 1969 en la que un joven Antonio Álvarez hablaba dle futuro de Galicia en el año 2000

Y el otro problema le surge con 31 años: cáncer. «Me vi muerto en tres meses». Aquel episodio, relata, le recordó otro que tuvo con 14 años, cuando se le clavó una «forcada» en el cuerpo y como en su Quintá natal no había pistas «me tuvieron que sacar en un somier encima de un caballo para llevarme al médico».

De aquel cáncer salió milagrosamente bien y en 1982 entró a trabajar en la Caja de Ahorros, hasta que se marchó en el 2011 de la extinta Caixa Galicia. Por sus manos pasaron documentos e informes confidenciales de alta responsabilidad. «Fueron casi 30 años en la caja y me dolió todo lo que pasó. Me acuerdo que un poco antes de la crisis mi madre, con su sabiduría, me dijo: ‘Veremos se non tedes que volver’. Y yo le dije ‘eso es imposible’. Ya ves».

También ejerció como abogado y como asesor comercial de empresas, pero destaca con cariño cuando tuvo que defender a personas más humildes. También se topó en su camino con político, de Cacharro no guarda un buen recuerdo y tuvo más de un enfrentamiento, y señala entre risas que «hay alcaldes y responsables de urbanismo que tienen más poder que los ministros».

En el 2008 decide dar un paso hacia adelante en su defensa del medio ambiente y en recuperar el legado de sus antepasados y promueve la Asociación Castaño y Nogal, en la que involucra a técnicos, arquitectos e ingenieros para poner en valor la ruta de Quintá, en la que dice que ya han pasado más 20.500 personas de todo el mundo en once años de campos de trabajos. «En su momento me llamaban loco, pero creo que el tiempo me ha dado la razón y ahora me piden que se lleve el sendero por delante de sus casas».

Eso sí, lamenta que en Lugo es más difícil sacar adelante ciertos proyectos que en otras partes de Galicia y España: «¿Por qué se va la gente de Lugo? Tenemos agua, terrenos de sobra, materias primas, creamos licenciados que se marchan... podíamos hacer emprendimiento con apoyo y tutela de las Administraciones, pero se ha tirado el dinero europeo a fondo perdido».

Ahora, como señaló uno de los ponentes del homenaje que le tributaron en el NH Finisterre, «Antonio es injubilable». Su vida está entre su Quintá y A Coruña. Otro problema grave de salud en junio aceleró su parada laboral y señala, con orgullo, que «no renegaré de que soy hijo un labrador, José Álvarez» y seguirá luchando por el medio ambiente.

Antonio Álvarez se acuerda de su maestros de la vida, desde la citada Villar Janeiro, al arquitecto Andrés Fernández Albalat, Emilio Díaz de RNE, el magistrado Ramón Carballal, el canónigo Manuel Espiña, el empresario con orígenes en Baralla Carlos de la Peña o el «alma mater» de Castaño y Nogal, José Ramón Vázquez, entre otros. «Soy un producto de todo esto. Todo es un continuo aprendizaje, y hay que aprovechar las oportunidades. Ahora lo pienso, y empecé con una mesita con cuatro libros, llegué a pensar que me iba a morir y hoy siempre digo que prefiero comer caldo acompañado que marisco solo».

Una década de trabajo para recuperar la ruta Quintá-Río Donsal

gloria g. / m.c.

La asociación Castaño y Nogal reclama que sin ayudas públicas no se podrá continuar con el proyecto

La asociación Castaño y Nogal celebró ayer 10 años de campos de trabajo internacionales para poder rehabilitar la ruta ancaresa que parte de Quintá de Cancelada. La asociación lleva desde 2010 realizando un constante labor de recuperación y sensibilización de la ruta Quintá-Río Donsal, haciendo accesibles las riquezas de la zona y acercando a la población a su patrimonio cultural.

Hasta 85 voluntarios de 17 países diferentes participaron en este proyecto abriendo y manteniendo la ruta, que está homologada por la Federación Gallega de Montañismo desde 2013. Cientos de senderistas recorren cada año sus 18 kilómetros divididos en cuatro etapas que incluye valiosos tesoros etnográficos como pallozas, ouriceiras o molinos centenarios.

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