La vivienda usada reactiva el sector

MERCADOS

La venta de pisos de segunda mano triplicó el año pasado en Galicia a los de nueva construcción. En los últimos cuatro años se compraron 13.300 más usados que de reciente edificación

05 abr 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Galicia quiere vivienda usada. En el imparable vuelco de la demanda hacia los pisos de segunda mano está la explicación de que, a pesar de que el ladrillo sigue bajo mínimos, las ventas aumenten. La enorme bolsa de vivienda construida que la crisis mantuvo parada, por un aumento del desempleo y la incertidumbre laboral al que se sumó el cierre del grifo del crédito, se ha convertido en el principal dinamizador del mercado inmobiliario. También en esta comunidad. Es un escenario absolutamente nuevo, que marca un punto de ruptura con el comportamiento de la demanda antes de la crisis y que se consolida a medida que la economía afianza las señales ciertas de una todavía lenta recuperación. Vuelve a repuntar la venta de viviendas, sí, pero es la segunda mano la que devuelve la sonrisa al mercado. En el 2014 se vendieron en Galicia casi el triple de pisos usados (10.385) que de nueva construcción (3.656), cuando en el 2007 seis de cada diez transacciones formalizadas en las cuatro provincias fueron de viviendas cuyas paredes todavía olían a pintura.

El cambio comenzó a gestarse en el 2011. En los cuatro años anteriores, el mercado de la vivienda de nueva edificación mostró un vigor notablemente superior al de la usada. La mayor diferencia se alcanzó en el 2008, con la burbuja del ladrillo en plena eclosión y la crisis llamando a la puerta de las economías del mundo. Aquel ejercicio se vendieron en Galicia 9.000 pisos libres menos que en el 2007: de 38.721 se pasó a 29.575. La contracción de la demanda se hizo así evidente. Y sin embargo, la vivienda nueva seguía siendo la primera opción cuando se planteaba la compra. Las transacciones de inmuebles de reciente construcción sumaron 19.662 en el 2008, prácticamente el doble que las 9.913 operaciones de pisos de segunda mano.

Pero a partir del 2009 esas diferencias se acortaron. La vivienda usada tampoco era inmune a la crisis. Caían las ventas en ese segmento, claro, aunque a una velocidad menor que entre la nueva. El signo de la demanda basculó en el 2011. Aquel año se vendieron en Galicia 147 pisos más de segunda mano que de reciente edificación. En el 2012 esa diferencia ya alcanzó las 1.782 viviendas. En el 2013 se incrementó hasta 4.631. Y el año pasado se disparó a 6.729.

Estos resultados son fundamentales en la tibia reactivación de uno de los sectores que la crisis ha castigado con más dureza. Por el camino se han perdido decenas de miles de empleos. Solo en Galicia, más de 30.000. La construcción ha pasado de ser un pilar esencial del crecimiento del país a un sector denostado como el origen de todos los males. Si la crisis en España tuviera una bandera, muchos verían adecuado reservar el centro para la imagen de un ladrillo. Aunque el diagnóstico es mucho más complejo y los actores, diversos.

CASAS VACÍAS Y SIN VENDER

Una parte central del análisis que llevó al estallido de la burbuja fue su propia gestación. El Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó hace dos años un informe inquietante. Si bien para aquellas fechas el ciudadano ya estaba curado de espantos, el documento era revelador de algunas cosas que se habían hecho mal. Cifraba en 299.300 las casas sin habitar en esta comunidad, sobre un total de 3,44 millones en España. Galicia lideraba el ránking por comunidades en cuanto a la proporción de casas vacías respecto a su parque inmobiliario. En dos de cada 10 viviendas gallegas no vive nadie. La media española es del 13,7 %. Además, tres provincias gallegas despuntaban en ese estudio entre las cuatro del país con más casas deshabitadas. Los dos primeros puestos son para Ourense (22,7 %) y Lugo (20,2 %). En el cuarto, irrumpe A Coruña (18,6 %).

Como es lógico, en el caso de Galicia la lectura de los datos no puede reducirse exclusivamente a un fenómeno de exceso de oferta inmobiliaria. Esa idea funciona en el País Vasco (la comunidad con menos vivienda sin habitar, el 8 % del total), Madrid, Navarra o Cataluña. Pero aquí pesa todavía más otra crisis, la demográfica. Esas 300.000 viviendas con las persianas bajadas no se entienden sin el feroz proceso de despoblamiento en áreas cada vez más extensas de Galicia. El hecho de que Ourense y Lugo sean las dos provincias del país con más casos es una evidencia irrefutable. Como es lógico, la vivienda del rural no participa del bum de la demanda de segunda mano como la de las principales ciudades y sus áreas de influencia. 

Pero hay que considerar al menos dos factores más. Por un lado, el fenómeno de la segunda vivienda, con una dimensión apreciable, sobre todo, en esos municipios costeros que en la década pasada tramitaban tantas licencias de obra como las ciudades. Además, estaba aquella fiebre de la inversión inmobiliaria. La compra de vivienda como refugio del ahorro, incluso como atajo en la búsqueda de una rápida revalorización, fue una epidemia que afectó a miles de familias.

Todas estas situaciones, y en menor medida otras, alimentaron ese stock de vivienda que quedó sin vender y que ahora es el combustible del reverdecimiento del mercado inmobiliario. Y también de la construcción. Se trata de pisos que en muchos casos necesitan de una puesta a punto previa, lo que incentiva las reformas. Los arquitectos reclaman desde hace tiempo una apuesta decidida de las Administraciones por estimular las obras de rehabilitación, en línea con lo que hacen la mayoría de los países de Europa.

Los datos del 2014 constatan de nuevo el declive de la vivienda protegida. Solo se vendieron 505 en Galicia, apenas 34 más que en el 2013. La cifra queda muy lejos de las 4.319 operaciones formalizadas en el 2007 y de las expectativas de las casi 14.000 personas inscritas en el Rexistro de Demandantes.