¿Puede perder el 14 % de la población mundial su empleo por los robots?

Varios informes alertan de la desaparición de decenas de profesiones por la incorporación de autómatas y robots. Los expertos en TIC reunidos por La Voz creen que surgirán soluciones para evitar una ruptura social


Redacción / La Voz

En su inquietante Homo Deus, el historiador israelí Yuval Noah Harari describe un futuro turbador. Un mañana con tintes de distopía, en el que una nutrida parte de la población mundial pasa a integrar un ejército de desterrados. «En el siglo XXI -aventura- podemos asistir a la creación de una nueva y masiva clase no trabajadora: personas carentes de ningún valor económico. (...) Esta ‘clase inútil’ no solo estará desempleada: será inempleable». Harari habla de una suerte de apocalipsis de la robotización, del impacto inducido por una era en la que los algoritmos sustituirán a los humanos hasta dejarlos en tierra de nadie. Su tesis no es en absoluto original. En el 2013, los investigadores de la Universidad de Oxford Carl Benedikt y Michael Osborne publicaron un informe (The future of employment) que analizaba las profesiones que podrían desaparecer en las próximas décadas a consecuencia de este fenómeno.

El estudio sostenía que en el 2033 existirán un 99 % de posibilidades de que los televendedores y agentes de seguros humanos pierdan su trabajo al ser sustituidos por algoritmos, más eficientes, que no cogen bajas o vacaciones, tampoco reclaman subidas de sueldo... Un panorama similar vaticinan para los cajeros de supermercado (98 % de posibilidades), camareros (94 %), procuradores (94 %), guías turísticos (91 %), panaderos (89 %), conductores de autobús (89 %), agentes de seguridad (84 %)... Un erial, en definitiva. Lo cierto es que, con mayor o menor tremendismo, desde entonces han sido numerosos los informes que han abundado en esta idea. El último publicado por la consultora McKinsey plantea incluso un escenario crítico en el que un 14 % de la población mundial se quedaría sin trabajo a consecuencia de la robotización y automatización de la economía.

Para los expertos gallegos reunidos por La Voz, sin embargo, este panorama puede que no llegue a ser tan dramático. «El cambio tecnológico -sostiene Adina Dumitru- provoca cambios sociales muy importantes. Por eso cada vez es más necesario que pensemos qué tipo de sociedad queremos y qué mecanismos de consenso articulamos para modelar la dirección en que queremos ir».

Sobre la dimensión de la transformación no hay discusión. «Nos enfrentamos a un cambio social, de pensamiento. El problema -advierte Jesús Echarri- no es la tecnología, sino que la tecnología nos está haciendo cambiar, necesitamos no convertirnos en nuestro peor enemigo». Todos los invitados reconocen que se avecina una etapa distinta, aunque no tanto, quizás, como estos informes se empeñan en augurar. La presidenta de la Sociedad Española de Inteligencia Artificial desliza, de hecho, un discurso optimista, antagonista del pesimismo que en ocasiones trufa todo lo relacionado con la cuarta revolución industrial. «Yo creo en la humanidad -ensalza-, creo que lo solucionaremos y en la UE, sin ir más lejos, se están llevando a cabo muchas discusiones para diagnosticar el problema. En todos los debates a los que acudo se habla de ética, de transparencia de los algoritmos, del aprendizaje a largo plazo para todas esas personas que podrían resultar inempleables... Y cuando te preguntas por estas cuestiones, ya estás dando pasos hacia la solución».

La solución de la que se está hablando, y que genera un intenso debate en el transcurso de la charla, son medidas como la renta básica universal o una nueva forma de estructurar el mercado laboral, con un reparto del trabajo alejado de los estándares convencionales. «Sobre las predicciones de pérdida de empleo -argumenta Carlos Gómez-, creo sinceramente que se van a dar porque la tecnología nos permite sustituir tareas rutinarias, pero desde el punto de vista humano eso no tiene por qué ser malo. Me temo que la renta básica universal será inevitable antes o después, dará igual que el Gobierno sea de izquierdas o de derechas». La profesora de Psicología de la UdC introduce en este punto la posibilidad de rediseñar el modelo: «Ya se habla de trabajar un mes o dos al año y repartir mucho más el empleo, hablamos de cambios que van a hacer que el capital humano se reutilice de otras formas».

Ramón Doallo tiene claro además que en esta nueva etapa aparecerán otros empleos «que no conocemos», pero insiste igualmente en que la política tendrá mucho que decir para hacer digerible esta transición. Como Alonso Betanzos, insufla optimismo en el debate: «Soy optimista porque la raza humana siempre ha dado soluciones».

Una tesis en la que también se alinean David Martínez Rego, Antonio del Corral y Susana Ladra, quien cree que esta nueva era generará un «cambio como otros antes en la historia». El CEO de Data Spartan continúa en esta misma línea argumental: «No creo que esto sea muy diferente que la revolución industrial. Lo más importante es cómo se van a redistribuir los excedentes. Si se utilizan bien, a lo mejor creamos una sociedad mejor». Esta tesis empieza a ganar fuerza entre los grandes pesos pesados de la economía mundial, algo que quedó de manifiesto en el reciente Foro de Davos. Allí, el presidente del Royal Bank of Canadá, Dave McKey, expuso un informe que rebaja las expectativas de destrucción de empleo asociadas a la cuarta revolución industrial y avanzó una serie de medidas que podrían contribuir a atenuar el impacto de la transición en materia de empleo.

En esta misma línea, el presidente del Clúster TIC se aleja de los «catastrofismos, me preocupan mucho», y asegura que, desde su punto de vista, la automatización de los procesos productivos se hará de una forma progresiva. «La economía de la robotización no va a ir tan acelerada».

El valor de la ética

Sea como sea, la aceleración del cambio habrá de ser modulada con la ética y con el papel de las humanidades, seguramente las auténticas paganas de esta era fagocitada por unos y ceros. «Va a haber respuestas -arguye David Conde- que no se respondan con tecnología, sino con ética, filosofía...» Y todos los expertos participantes insisten en que los profesionales del futuro deberán mostrar un perfil más horizontal (un híbrido a caballo entre lo tecnológico y lo humanista) para afrontar los retos que están sobre la mesa. El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), explica Amparo Alonso, acaba de anunciar una inversión de un billón de dólares para formar a quienes ellos han bautizado como los «bilingües del futuro», profesionales con capacidades transversales. El futuro, este sí, ya está escrito. 

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