
Después de ver la entrevista que TVE hizo esta semana a José Luis Leal, ex ministro de Economía con UCD, diseñador de los Pactos de La Moncloa y presidente de la patronal bancaria durante 16 años (los del cambio radical del sector), el poso que a uno le queda es su apelación constante a «lo razonable» para cualquier medida, de política económica o de política en general. Para aplicar el impuesto a la banca, por ejemplo, o al proyecto de tasa a las grandes fortunas.
Todos sabemos lo que es razonable: el precio de las reparaciones en el taller al que llevamos el coche, si no es un robo, caso en el que cambiamos de taller; el acuerdo entre opuestos que se plasma en esos partes amistosos de accidentes de tráfico que tanto facilitan las reparaciones; la subida salarial que aprueba el empresario cuando sube la cesta de la compra y los empleados pierden poder adquisitivo. Pero reconocer la razón de una reclamación o de una propuesta requiere que los implicados se muevan racionalmente y no por los impulsos del pensamiento mágico, que compartan una misma visión de la realidad en que viven, e incluso que posean una base ética común. Y eso en estos tiempos parece difícil. ¿Cómo llevar la razón a las proposiciones de Trump, o de Bolsonaro, y de sus muchos seguidores, desde el punto de vista de, digamos, Bernie Sanders o Lula da Silva y sus partidarios? ¿Qué será lo razonable para esa parejita de idiotas que se quiere hacer famosa emitiendo al mundo el tortazo violento del marido a la mujer? ¿Y en estas normas redactadas desde los extremos para la pesca, los usos de la costa, la ganadería y los animales domésticos?
El imperio de la razón parece tambalearse. La misma democracia, que se basa en el diálogo racional, está floja, como acaba de sancionar el informe anual de Economist Inteligence Unit, que constata el auge de los autoritarismos y las grietas en países como Estados Unidos, que aparece calificada como «democracia con fallos». En España, al parecer, no estamos mal en este aspecto. Pero haríamos bien en seguir el consejo de José Luis Leal para todos los casos: «Hablen entre ustedes, pónganse de acuerdo».