La «aldea gala» de la biotecnología

Elisa Álvarez González
Elisa Álvarez SANTIAGO

MERCADOS

cedida

En el año 2022 Galicia fue la segunda comunidad en donde se crearon más empresas de este sector; inversores y emprendedores están tejiendo un robusto ecosistema que ya da sus frutos

11 jul 2023 . Actualizado a las 22:30 h.

En el último año se crearon en España 62 empresas del ámbito de la biotecnología. De ellas, nueve en Galicia, la segunda comunidad con más nuevas compañías solo detrás de Cataluña (11). Podría tratarse de una situación coyuntural pero lo cierto es que en el 2021 ocurrió exactamente lo mismo. Lo apunta el último informe de AseBio, la asociación española de bioempresas, y refleja una tendencia: Galicia empieza a jugar en las primeras ligas en este ámbito «ultracompetitivo», en el que tecnología, innovación, inversión y alta cualificación deben ir de la mano.

Este estudio recoge que en España hay 898 empresas biotech y 63 de ellas están implantadas en Galicia, con una facturación media de más de siete millones de euros. ¿Aspira la comunidad desde esta esquina noroccidental a convertirse en la Silicon Valley de la biotecnología? «Tenemos que intentar evitar palabras grandilocuentes porque estas tecnologías ni son baratas ni son inmediatas, por lo que hablamos de un club reducido», dice Daniel Fernández Mosquera, director general de Qubiotech Health Intelligence, uno de los ejemplos de éxito en este campo.

Parte del equipo de Qubiotech Health Intelligence
Parte del equipo de Qubiotech Health Intelligence

Robusto es la palabra que utiliza este emprendedor cuando se le pregunta por la situación de este sector en Galicia, «crece de manera robusta, porque para que se desarrolle un sector productivo debe haber un ecosistema». No vale solo el conocimiento, ni solo la financiación o el trabajo cualificado, hacen falta todos estos componentes juntos para que el tejido se desarrolle. Y aquí es donde parece que Galicia está haciendo muy bien los deberes, con fondos de inversión y capital riesgo especializados, partners, acceso a financiación, trabajadores cualificados y sobre todo conocimiento.

Algoritmo de imagen médica

Son muchos los casos. Qubiotech es una empresa que nació en el 2014 tras la transferencia de un algoritmo de cuantificación de imagen PET desarrollado por el grupo de investigación en imagen molecular de la Fundación Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago. Desarrolla y comercializa software para mejorar el diagnóstico y seguimiento de enfermedades neurodegenerativas. Están en una veintena de hospitales de España y Portugal, entre ellos el Chuac. Su plataforma de análisis de neuroimagen Neurocloud tiene varias ventajas respecto al resto de softwares que hacen estos estudios. Entre ellas que sus algoritmos están validados clínicamente, la plataforma se integra perfectamente en la práctica clínica, aloja algoritmos para imágenes de radiología pero también de medicina nuclear y el procesado es totalmente automático. La empresa acaba de ampliar capital para consolidar su crecimiento y preparar su internacionalización dando entrada en su accionariado a los fondos especializados Sémola Tech Ventures y Nowture.

Bioga, el Clúster Tecnolóxico Empresarial das Ciencias da Vida, se fundó en el 2010 e integra a todas las entidades involucradas en la cadena de valor del ecosistema biotecnológico gallego. Constituida por 104 asociados, en Bioga están empresas tractoras como Zendal o Loza, micropymes, las tres universidades gallegas, centros de investigación y las fundaciones biomédicas de los tres hospitales gallegos. Las cifras son la mejor carta de presentación de este sector: la cifra de negocio crece un 10 % al año y ya representa el 1,8 % del PIB gallego. Más llamativos son los datos de empleo, con más de 5.600 empleos directos que han crecido al ritmo de un 24 % anual desde el 2014. Una de las características de este empleo es su cualificación, ya que el sector biotecnológico ocupa fundamentalmente a personas con alta cualificación, con estudios de FP superior, graduados universitarios y doctores. En cuanto a los sectores donde se enmarcan las compañías, destaca la gestión y aprovechamiento de los recursos marinos, el desarrollo y producción de fármacos y vacunas, las nuevas tecnologías para la medicina personalizada, la alimentación funcional y nutracénica para la salud, la economía circular y bioenergía o la producción y aprovechamiento agroganadero y forestal.

El ecosistema biotecnológico es global. De ahí que todas las empresas de este sector nazcan con vocación internacional. Hay ejemplos muy claros, como el de Mestrelab Research, que realiza más del 90 % de sus ventas en mercados internacionales. La que en su momento surgió como una spin off de la USC es hoy uno de los ejemplos más claros de la apuesta por convertir a Galicia en referente europeo de la biotecnología. Especializada en software específico para la industria farmacéutica y en el tratamiento de datos en resonancia magnética y otras técnicas, la compañía invierte parte de sus beneficios en nutrir este ecosistema. La última apuesta de esta compañía, cuyo CEO es Santiago Domínguez, es la creación de un nuevo centro de investigación en Santiago que planea crear más de cien puestos de trabajo altamente especializados. El Centro de Investigación Mestrelab podría estar operativo en el verano del 2024 «transformando la capital gallega en uno de los centros neurálgicos del software de instrumentación de laboratorio a nivel mundial», dice Domínguez.

 Al proyecto se suma Coliving Compostela, un espacio ya en marcha en la misma ciudad para que investigadores y desarrolladores vivan y trabajen conjuntamente, o la sociedad de inversión, Sémola Tech Ventures, que crearon los socios fundadores de la compañía, Javier Sardina, Carlos Cobas y Santiago Domínguez, para financiar proyectos enfocados a ciencias de la vida y biotecnología.

En el 2022 desembarcó en la comunidad Bio&Tech Smart Capital, el primer fondo cien por cien gallego de capital riesgo privado especializado en biotecnología. El grupo Zendal, la sociedad gestora Noso Capital Sgeic y el propio Domínguez están detrás de este proyecto que esta misma semana acaba de anunciar una inversión de medio millón de euros en la gallega Oncostellae, una biofarmacéutica gallega con más de diez años de experiencia en el sector.

Esta inversión surge de la ronda de financiación abierta por Oncostellae para conseguir 3,3 millones de euros para terminar los ensayos clínicos de fase 2 del nuevo fármaco OST-122 para el tratamiento de la enfermedad inflamatoria intestinal y que presenta un perfil de seguridad superior a todos sus competidores. El compuesto tiene potencial también para abordar la enfermedad de Crohn y la fibrosis intestinal, y con los fondos también se financiará la investigación de otro medicamento, OST-499, en fase 1 en pacientes con cáncer colorrectal. Oncostellae ha desarrollado ya más de 25 productos y contribuyó a la obtención de varios acuerdos de licencias. Entre ellos el traspaso de licencias de Oryzon a Roche en el 2014 por 525 millones de euros.

Sin hacer demasiado ruido, el sector biotecnológico extiende sus ramas en Galicia. Lo hace además, como apuntaba Daniel Fernández, de forma robusta, con raíces. Es inusual la semana en la que no se produce una ampliación de capital, investigación o avance tecnológico. Es más, no solo despuntan los equipos gallegos sino que actúan como polo tractor. Zerintia Health Tech, empresa española de salud digital, acaba de cerrar una ronda de inversiones por un importe próximo al millón de euros para acelerar su plan de crecimiento nacional e internacional. Y la ronda está liderada de nuevo por los gallegos de Bio&Tech Smart Capital, una operación con la que Santiago Domínguez se incorpora al consejo de administración de Zerintia.

Lejos quedan aquellas primeras spin off que hace dos décadas iniciaron el camino de la biotecnología en Galicia. Esta pequeña «aldea gala» está demostrando que el crecimiento sostenido, el establecimiento de una red de apoyo y sobre todo el conocimiento pueden hacer de la comunidad un polo de referencia en un sector con tanto futuro.