«El que emigra una vez, es emigrante para siempre»

La Voz

MIGRACIONES

Santiago Velo en la playa de Orzán.
Santiago Velo en la playa de Orzán. Cedida

Santiago Velo retornó a Galicia en 2010 luego de pasar la mayor parte de su vida en Venezuela

04 mar 2020 . Actualizado a las 12:55 h.

Tras vivir 36 años en Venezuela, en 2010 Santiago Velo Giao (63 años, Santiago de Compostela) puso nuevamente un pie en Galicia. Se vio obligado a marchar con solo 17 años por motivos familiares. Y fueron las mismas razones las que lo llevaron a volver. Poder retornar, asegura, fue maravilloso, pero el camino de la adaptación no ha estado exento de dificultades.

La suya es una historia marcada por el desarraigo. Su padre emprendió un viaje sin retorno hacia América en 1956, unos meses antes de que Santiago naciera. Su madre falleció un año más tarde y, desde entonces, perdió todo contacto con su progenitor. No supo nada de él hasta los 17 años cuando lo reclamó junto a sus tres hermanos.

«Yo no quería irme», asegura y explica que intentó huir de la voluntad paterna apuntándose a la Marina pero, por ser menor de edad, su plan fracasó y fue obligado a marchar con la idea de volver al año siguiente. Pero el destino quiso otra cosa y lo llevó a pasar la mayor parte de su vida en el extranjero.

«Lo más duro era no saber lo que pasaba aquí, llamar por teléfono era casi imposible» «Era duro. Lo más duro era no saber lo que pasaba aquí», dice sobre los primeros años de su migración, allá por 1974. Por ese entonces -y hasta muchos años después- no había Internet y el contacto que podían tener con Galicia y con la familia que realmente lo había criado, era a través de algún periódico, escuchando una radio con mala señal o a través de cartas que tardaban más de un mes en llegar de un lado al otro del Atlántico. «Llamar por teléfono era casi imposible», agrega recordando los tiempos en que para poder hablar con sus familiares que vivían en una aldea a tres kilómetros de Santa Comba, había que avisar primero para coordinar y que la operadora los pusiera en contacto. Tanto era así, dice, que en los primeros años, no habló con ellos más de seis o siete veces.

La hermandad gallega en Caracas, con sus grupos de baile y sus equipos de frontón, le servía para cubrir entonces esa distancia, aunque dice que la morriña es muy fuerte y echaba de menos hasta la lluvia. «Yo creo que hoy en día vivir fuera es mucho más fácil. Hoy hay tecnología, pero uno lo ve según lo ha vivido y nunca es lo mismo que dar un abrazo», afirma Santiago.

Santiago Velo (centro, al frente) en una imagen de su infancia en Galicia
Santiago Velo (centro, al frente) en una imagen de su infancia en Galicia

Sin embargo, con una vida asentada en otro país, retornar a casa no estaba entre sus planes. «Cuando uno pasa tantos años en un país crea país. Yo no me quería venir de ninguna manera. Yo soy tanto de allá como de aquí -asegura. Pero la tranquilidad de mi familia vale mas que todo lo que quiera».

Fue la menor de sus tres hijas la que decidió emprender el viaje de vuelta a Galicia, empujada por la inseguridad de Venezuela, uno de los países más peligrosos del mundo en la actualidad, con un registro de más de 16.000 asesinatos en 2019, según los datos del Observatorio Venezolano de la Violencia. Tenía 17 años cuando atracaron la furgoneta en la que viajaba, le pusieron una pistola en la cabeza (cuenta Santiago aún conmocionado) y un hombre gritó al resto de los pasajeros: «O me dan todo o mato a la carajita».

«Ella llegó a la casa y me dijo: “Papá, cumplo los 18 y me voy para España”. Y así lo hizo. Luego vino la otra hija, luego mi mujer y al final (cuatro años más tarde) me vine yo».

Lo positivo de volver, asegura, fue haber llegado a su tierra, volver a estar con su familia y la tranquilidad. Lo negativo, la dificultad para lograr un empleo fijo. Santiago llegó a Galicia con 53 años y lo solo pudo conseguir trabajos temporales, en malas condiciones y sin alta en la Seguridad Social. Estuvo así unos ocho años. Los primeros años se mantuvo con la ayuda económica que recibía por ser un gallego retornado. «Traje mis papeles arreglados para optar a la renta de emigrante. Hay muchos que llegan sin arreglar nada y lo pasan muy mal», dice. Más adelante realizó un curso de limpieza y finalmente obtuvo un trabajo, que ahora compagina con sus artesanías en cuero para poder sacar algo más. «Vamos viviendo. Dentro de todo soy muy feliz», afirma.

Más allá de lo laboral, asegura que adaptarse a vivir nuevamente en Galicia no le costó. «Me encanta estar aquí», reafirma, aunque sí ha notado cambios en la gente: «Ahora es más fría, la forma de vivir la familia es muy diferente. Antes había más unión», reflexiona mientras lo compara también con Venezuela, donde es común que al salir de casa los hijos pidan la bendición a los padres.

Santiago afirma ahora que no se siente de ningún sitio, o de ambos un poco: «El que emigra una vez ya es emigrante para toda la vida».