Los nuevos emigrantes prefieren destinos como Canadá o EE.UU.

L.M. REDACCIÓN

MIGRACIONES

Existen diferencias entre las razones, la forma de adaptación y de comunicación entre quienes salieron de Galicia antes de los 2000 y aquellos que migraron luego de la irrupción de las nuevas tecnologías

26 feb 2020 . Actualizado a las 15:23 h.

Galicia ha sido desde siempre una tierra de emigrantes. Pero, con el pasar de los años, los perfiles, los motivos y la forma en la que se vive el estar fuera han ido cambiando, especialmente con la popularización del acceso a Internet, el uso de los smartphones y de las redes sociales.

Aunque en todos los casos los migrantes aseguran que existe siempre un sentimiento de «morriña», esa añoranza por la tierra natal se vive de manera diferente entre quienes migraron antes de los años 2000 (o a principios del nuevo milenio) y aquellos que se fueron en los últimos años.

La principal diferencia parte de las motivaciones para marchar. En el caso de quienes se fueron en los años 60 o 70, la «necesidad» es la que predomina, mientras que en el segundo grupo se suele hablar del «querer». Necesidad entendida como una emigración cuyo motivo principal son las malas condiciones de vida e incluso la falta de sustento, o por una decisión externa tomada por familiares y que derivaron en una migración involuntaria.

En cambio, los nuevos migrantes y con perfiles más jóvenes en general coinciden en que la búsqueda de nuevas experiencias fue el empuje final a la decisión de marchar, más allá de que muchos decidan irse con la perspectiva mejorar las oportunidades laborales o porque habían agotado sin éxito las posibilidades de trabajo en Galicia.  Así, entre las razones para dejar la tierra natal nombran la idea de «conocer mundo», de ver otras realidades o culturas, y de ser más «open minded». Algunos viajan también para realizar voluntariado, aprender idiomas o por estudios.

Las diferencias en los motivos de salida influyen además en la forma de relacionarse una vez en el destino. Es por eso que mientras los migrantes actuales buscan maneras para sumergirse de lleno en la cultura del país, intentando convivir con locales y rehuyendo a gallegos o españoles, los antiguos migrantes buscaban mantener vivo el vínculo con la tierra. En ello, los centros gallegos jugaban un rol fundamental que ha caído en desuso con el pasar de los años, el acortamiento de las distancias, y la irrupción de las nuevas tecnologías.

Mensajes constantes, videollamadas y viajes frecuentes

La posibilidad de viajar más a menudo, sobre todo si el país de destino está en Europa, y de mantener una comunicación constante con los familiares es otro de los factores que diferencia a los migrantes actuales de aquellos que se fueron antes de que existieran los smartphones, Internet o las aerolíneas de bajo costo. Tecnologías y servicios que han hecho que el estar fuera sea de alguna manera más fácil y que pueda mantenerse un contacto constante con los familiares y amigos que se deja atrás.

El estar constantemente conectado y tener la posibilidad de ver constantemente a familiares o amigos por videollamada, o siguiendo su día a día en las redes sociales, hace que actualmente la experiencia de estar fuera no sea completa, afirman además los migrantes consultados. «Ahora con Facebook es casi como estar aquí», aseguró uno de los migrantes retornados a Galicia en uno de los Focus Group realizados en el marco de la investigación La innovación de los procesos comunicativos en la interactividad de la diáspora gallega y el impacto del proceso migratorio en los retornados.

Previo a la existencia de un acceso generalizado a Internet y al uso del móvil, quienes decidían vivir en el extranjero podían pasar meses sin poder hablar con sus familiares. Por entonces había que «buscar cal era a forma máis barata de chamar a España» y contar los minutos, contó otro migrante que participó en un grupo de discusión on line, para sentenciar que «hoxe non é migrar». 

La tecnología supuso entonces un cambio radical en la frecuencia y en la forma de comunicación de los emigrados, que pasaron de no saber nada de sus familiares durante meses, más allá de las noticias que llegaban por radio o en algún periódico, a tener un contacto diario, posible gracias a la llegada del teléfono móvil. 

Nuevos destinos

Los nuevos migrantes cambian también de destinos. Si bien los países donde residen más gallegos en América siguen siendo Argentina (178.539), Brasil (48.691) y Cuba (43.480), en los últimos años se nota un descenso en los residentes en esos países, en tanto que aumentan en América del Norte, con EE.UU. como principal destino, seguido de México y de Canadá. 

Puntualmente, en los últimos diez años los gallegos que viven en Estados Unidos aumentaron un 71,6% y pasaron de ser 12.525 en 2009, a 21.493 en 2018, según el Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE), solo superado por Cuba, en donde los españoles residentes y registrados en Galicia, crecieron un 177,91%. 

En cambio, Venezuela, que era en 2009 el segundo país con más gallegos residentes después de Argentina, experimentó entre 2009 y 2018 una caída del 16,56%, impulsada por la crisis social y política en la que ha está inmersa en los últimos años. Así, el descenso de gallegos comenzó a notarse en 2015 y se agudizó en los años subsiguientes, pasando de 46.882 en 2014 a 35.998 en 2018.

Made with Flourish

Si se tiene en cuenta a toda la población española residiendo en el extranjero, según los datos del INE para el primer semestre de 2019, EE.UU. es el segundo país de América con más españoles residentes (157.558) relevando por primera vez en los últimos diez años a Venezuela (151.915), y ocupa el cuarto puesto a nivel mundial.

 El líder indiscutido sigue siendo Argentina, con 465.666 españoles residentes, seguido de Francia, con 262.448 y de Alemania, con 160.727.