MANUEL ALCÁNTARA LÍNEA ABIERTA
23 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.La sorpresa del nuevo Índice de Precios al Consumo (IPC), iniciales que acaso signifiquen, caprichosamente deletreadas, «imposible creerlo», se queda en nada si la comparamos con la que nos ha deparado el presidente argentino Eduardo Duhalde. A los españoles nos dicen que el coste de la vida bajó una décima en enero y a los argentinos les informan de que el primer mandatario de la nación se ha subido el sueldo en un 16 por ciento. Cualquiera que ande por la calle en España y compre algo sabe que el dato del IPC es más falso que un euro de madera y cualquiera que ande por la calle en Argentina sin poder comprar nada sabe que lo de Eduardo Duhalde es una provocación. Aspiración No he conocido a nadie en mi larga y ancha vida que no aspirase a que le subieran el sueldo, pero he conocido a muy pocos que pudieran dar la orden para que se cumpliera su aspiración. Eso de ganar más todos los meses y de tener una habitación más en su casa es un deseo muy común. Quienes lo tienen no pueden presumir de originalidad. En eso nos parecemos todos. Ocurre que nadie está contento con su suerte ni con su desgracia. Incluso cuando imaginamos lo que haríamos si nos tocara el bonoloto, las cuentas no están cabales. Después de repartir -no sé quién dijo que hay que desconfiar del primer impulso, porque el primer impulso siempre es generoso- y de satisfacer todos nuestros caprichos, faltan cuarenta mil duros. Eso antes, porque ahora lo que nos faltan son 1.202,02 euros. Mejorar su economía La primera medida del presidente Duhalde para enderezar la economía argentina ha sido mejorar la suya, que es una de las menos necesitadas de su hermoso país. El hombre, que como todos sus antecesores desde hace mucho tiempo, no se presta a que la historia lo confunda con un prohombre, ha ideado su coartada: asegura que se sube el sueldo para arrastrar hacia arriba a los salarios más bajos. O es un cara o es un cretino. La oportunidad es una virtud política de primera magnitud. La ocasión, la coyuntura, es lo que han sabido aprovechar gentes mediocres. No es su caso.