Solidaridad sabrosa

OPINIÓN

20 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

HACE UNOS días, y por eso de que aquí se respeta, La Voz publicó una carta al director en la que un ciudadano solidario, pero algo distante, aseguraba que apoyaba a Galicia en su desgracia a pesar de que no se veía personalmente afectado; sólo tendría que comprar el marisco de Navidad en otra parte. ¡Ay, los neutrales! ¡Líbrenos el Apóstol de la gente fría y de las mayorías silenciosas cuando se ponen a hablar! Los ciudadanos apasionados e informados de España entera (y de Portugal y hasta de Marruecos) contrarrestan hoy la pasividad de los caladiños que se dejan llevar por el rumor y la primera impresión, y se lanzan a por el mejillón que sabe a mar limpio, a por el pulpo á feira y a por las zamburiñas con su prebe de cebolla y pan rallado, para que cumplan su destino y se sacrifiquen por Galicia en los caminos del tracto digestivo, ya que no los mató el jugo negro de la piratización global ni la inacción de estos gobernantes que se quedan con la boca abierta ante la catástrofe y luego, para desgracia nuestra, ya no son capaces de cerrarla. A pesar de ellos hay buenas noticias: el mar de Galicia no está muerto. Una solidaridad sabrosa se extiende por toda España; se han volcado a ofrecer tapas de mejillón gallego los hosteleros de toda la península, la patronal mallorquina, el gobierno de Melilla, los cocineros y taberneros de Madrid («¡al fondo hay sitio!»), el PSOE de Castilla y León, los restauradores de Salamanca y de Guipúzcoa, y ¡hasta el Valencia C.F.! Arzak, ese alquimista de la cocina vasca, describe con detalle la tapa del día: mejillón gallego ligeramente cocido al vapor, servido con una cortecita de cerdo y embadurnado en un mojo con guindilla, queso fresco y pimentón. Qué más podría contarles a estas horas, con la boca hecha agua. Señores neutrales o indiferentes, amigos despistados, arrímense a la barra. Nunca como ahora se nos ha puesto así la solidaridad, en bandeja, con salsa.