DESDE QUE está en el Bloque y es parlamentario europeo, Camilo Nogueira no para de presentar preguntas en la Cámara legislativa de la Unión Europea. Sus iniciativas quedan registradas en el Diario Oficial como el que se ha publicado el día 10 de julio. Allí aparece una recopilación de las realizadas en el período de un año. Camilo Nogueira pregunta, pregunta y pregunta en Europa con el mismo entusiasmo y constancia como lo hacía en Galicia cuando era parlamentario gallego. Sólo hay una diferencia, en Galicia las preguntas eran más pertinentes. Se dirigían a las personas y a las instituciones adecuadas. En las instancias europeas parece que está un poco descolocado. Un recurso constante de los nacionalismos españoles es pretender que las instituciones europeas legitimen sus aspiraciones de diferenciarse de los Estados a los que pertenecen. Por eso plantean en el Parlamento europeo cuestiones que casi siempre deben resolverse en las respectivas naciones. En este sentido, es curioso ver como estos parlamentarios preguntan en Bruselas por las medidas que se van a tomar para paliar los efectos del Prestige, o por el trazado del AVE a Galicia, o de las modificaciones de la Constitución española, o sobre las operaciones urbanísticas del Real Madrid, o cuando no recomienda abrir negociaciones para un nuevo tratado con Marruecos aprovechando que dejan faenar a 64 barcos españoles para ayudar en la catástrofe de la marea negra. No deja de llamar la atención que el parlamentario del Bloque se una a otros nacionalistas para poner en cuestión las recalificaciones urbanísticas que benefician al Real Madrid y tratar de implicar a las instituciones europeas en el proceso. O que trate de implicar a Europa en el trazado del AVE a Galicia. Llama la atención porque en casi todas las respuestas que reciben, la contestación siempre les remite a los gobiernos de sus respectivas naciones, les reafirma la legitimidad que tiene cada Estado para tomar decisiones en estas materias, les vuelve a indicar una y otra vez que todo lo que plantean en Europa se debe resolver en sus Administraciones. Es decir, ante el empeño de los nacionalismos por abrir brecha en Europa y colarse como entes distintos a los de su nación, la respuesta constante de las instituciones europeas es ponerles en su sitio una y otra vez. Es decirles que sus planteamientos no son cosa de Europa sino de su propio país. En las respuestas se detecta una infinita paciencia de los responsables de la Comisión al contestarles con frases como: «Esto ya se lo hemos indicado en las contestaciones tales...», «como reiteradamente le hemos indicado por escrito...". Sin embargo, en el caso de Camilo Nogueira está bien elegido, nadie es más incansable que él en mantener los mismos planteamientos, para hacer las mismas preguntas, para insistir, insistir, insistir.