¿A QUIÉN se le habrá ocurrido llamarle Conferencia de Donantes para Irak a la reunión internacional que se ha celebrado en Madrid este fin de semana? Porque en términos estrictos, de los 27.750 millones de euros recaudados, sólo figuran expresamente como donación (es decir, como dinero que no hay que devolver) los 700 millones aportados por la Unión Europea. Y justamente por esto quizá hubiera sido más exacto llamarle Cumbre de Estrategias de Negocio para la Reconstrucción de Irak o algo parecido. Porque no hay duda de que se trata de reconstruir la nación ocupada, pero es igualmente cierto que se quiere aprovechar la oportunidad de negocio que ello significa, teniendo en cuenta que el territorio de este país flota sobre petróleo. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, dijo que la reconstrucción no puede aplazarse más y pidió a los distintos países que hiciesen generosas aportaciones. El secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, calificó de éxito el resultado de la conferencia y aseguró que se trata de «una inversión estratégica en esperanza». Ayad Alauí, representante del Consejo de Gobierno iraquí, afirmó con rotundidad: «Hoy ha nacido un nuevo Irak». Y, de paso, calificó de «posición lamentable» la de París y Berlín, y amenazó: «No creo que los iraquíes olviden fácilmente que en los momentos de apuros estos países estaban dispuestos a orillar a Irak». La verdad es que Francia y Alemania, dos países enérgicamente contrarios a que se desencadenase esta guerra, no acaban de encontrar un lugar cómodo en esta fase del conflicto. Están a favor de la reconstrucción de Irak, según aprobaron en el Consejo de Seguridad, pero después se han paralizado ante la metodología unilateral que aplica EE.?UU. Es como si aún se resistiesen a aceptar la guerra y su nueva estrategia fuese agazaparse y esperar. ¿Esperar a qué? A que escampe. A ver si Bush pierde las elecciones dentro de un año y es posible recuperar el entendimiento y la concordia con un presidente demócrata. Pero ésta es una apuesta arriesgada, miope y probablemente insostenible. Porque Europa no es tan prescindible. No lo era antes y no lo es ahora.