LA REALIZARÉ en el inicio, de forma directa, y sólo le ruego que reflexione sobre la respuesta. En el supuesto de que el plan Ibarretxe pueda significar el final de la violencia en Euskadi y la desaparición definitiva de ETA, ¿estaría usted dispuesto a aceptar el plan del lendakari? Algunos se llevan las manos a la cabeza y se escandalizan porque, dicen, el Partido Nacionalista Vasco (PNV) estaría hablando con ETA y con los restos de Batasuna buscando un escenario de paz definitiva. No olvidemos que todos los gobiernos de Madrid, incluidos los del franquismo, han mantenido contactos con la organización terrorista desde los años setenta. También los gobiernos de la democracia lo han hecho. Y no creo que exista algún partido político actual, incluido el Partido Popular, que no lo intentase, directa o indirectamente, durante los últimos años. Tales contactos oscilaron entre la « toma de la temperatura» del enfermo -como decía Rafael Vera-, y las propuestas de pacificación o tregua. Hasta hoy no ha sido posible encontrar una solución por la exclusiva responsabilidad de las direcciones de la banda terrorista. Pero España no puede cejar en el intento. Durante los próximos años debemos lograr la paz y cerrar un conflicto que algunos -estaríamos viviendo la tercera guerra carlista- sitúan en el primer tercio del siglo XIX. Durante la transición democrática fuimos capaces de resolver entre todos algunos problemas casi tan insolubles como el que golpea a la sociedad vasca y a todos los españoles. Y están ocurriendo algunas cosas que dibujan, por primera vez, un panorama algo más optimista. En primer lugar, sin duda, la debilidad de la propia banda que está destartalada, dividida sobre el camino a seguir y sin capacidad de coordinación. La labor del Gobierno de Aznar y la cooperación con Francia han sido determinantes. En Batasuna existe una gran confusión. Su electorado rechaza cada día más la violencia de ETA. Los guiños constantes del PNV succionan a su electorado y la hipótesis de buscar vías para salir del atolladero constituye el primer motivo de debate de sus dirigentes. ¿Por qué no acabar con la cobertura política del tiro en la nuca y hacer política ? Además, la nueva situación en Cataluña y el gobierno de Pasqual Maragall puede resultar de gran ayuda para reflexionar sobre el futuro y buscar una sólida sintonía con Josu Jon Imaz, nuevo presidente del PNV, cuyo papel resultará trascendente. Y por último, la responsabilidad de las dos fuerzas estatales: el PP y el PSOE. A día de hoy es probable que, al menos, Mariano Rajoy no consiga revalidar la mayoría absoluta de su partido. Y José Luis Rodríguez Zapatero parece dispuesto a buscar una salida del laberinto vasco. Es difícil, pero puede funcionar.