La proa coruñesa

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

14 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

ESCRIBÍ hace muchos años, casi treinta, que al analizar la historia de las ciudades gallegas se observaba una alternancia en el liderazgo urbano, de modo que cuando una destacaba, las otras se estancaban. Una dinámica competitiva propia de un sistema policéntrico de ciudades, pero que alimentó permanentemente una compleja trama de rivalidades locales, incapaz de articular sobre ellas un proyecto de país, y propiciadora de visiones pueblerinas, de perspectivas achicadas. Esta dinámica se exacerbó en la década de los noventa, cuando todas las ciudades aspiraban a tener un poco de lo mismo. En ese período la capital coruñesa adoptó el mejor modelo de ciudad de los posibles durante la transición postindustrial: la ciudad de servicios. La evidencia empírica corroboraba en toda Europa que las ciudades que concentraban el terciario empresarial, los servicios financieros , el turismo de congresos y los servicios generales más avanzados eran las que tenían más éxito, y las que proporcionaban mayor calidad de vida a sus ciudadanos. Era la ciudad de Paco Vázquez, la del primer palacio de congresos, el primer planetario, la primera red de museos científicos interactivos, la primera orquesta sinfónica, el primer recinto multiusos y otras primicias menores. A ello se sumó una de las actuaciones de recuperación del frente marítimo y de reestructuración urbana más significativas de cuantas se acometieron en las ciudades europeas de tamaño medio: el paseo marítimo más largo de Europa. Pero a comienzos del siglo actual, del XXI, otras ciudades gallegas lograron consolidar su propio proyecto urbano, fuertemente competitivos en el nuevo contexto internacional. El liderazgo de La Coruña dio así paso a un liderazgo urbano compartido y complementario. En este nuevo marco regional, cuando parecía que la ciudad se aletargaba en su propia autocomplacencia, la batuta estratégica del director de la ciudad, apoyado por todos los que componen la alta dirección de la metrópoli, supo ver la gran oportunidad que a la ciudad se le ofrecía: la construcción del puerto exterior. La aspiración estaba latente, la necesidad era evidente, pero faltaba una coyuntura que la hiciera propicia. Y transformando las debilidades -el Prestige - en fortalezas, la perspicacia de Paco Vázquez le llevó a descubrir lo trascendental que este proyecto podría ser para la ciudad, con actuaciones que no todos supieron comprender. Es sin duda unos de los mayores retos de la historia urbana, por cuanto puede suponer para la atracción de inversiones y la creación de empleo, así como para optimizar una de las ventajas competitivas que tiene Galicia: su sistema portuario. Ahora que nuevos sistemas de transporte marítimo internacional se anuncian, nuevas infraestructuras se requieren, y bajo esta perspectiva el puerto exterior es más estratégico aún. La proa coruñesa está otra vez bien enfilada, pero precisa de la cooperación y el apoyo de todas las instancias implicadas. La novedad es que esta vez todas las ciudades gallegas están avanzando con sus propios proyectos, y que, al ser complementarios, el avance de una de ellas reforzará las complementariedades del conjunto, mejorando el grado de articulación de nuestro sistema de ciudades y la construcción equilibrada de nuestro país. Perdiendo la mirada en el amplio horizonte marino, las evocaciones me llevan a un escenario imaginario. En ese horizonte atlántico se dibujan siete grandes navíos, con tres liderando la expedición, y secundados por una numerosa flota de embarcaciones menores -las pequeñas ciudades comarcales-, cada uno con su enfilamiento, pero todos con un rumbo común. Es mi visión de la Galicia del siglo XXI, iniciadora de nuevas singladuras atlánticas, como en otras muchas ocasiones anteriores lo hizo, pero ahora de una manera organizada y de forma conjunta. Y recordaba, entre las nieblas y brumas del futuro, los éxitos del pasado en ese mar donde se escribieron los mejores capítulos de nuestra particular globalización, de nuestra proyección internacional -Camino de Santiago aparte- y la de nuestros hombres y de nuestras empresas. Y en esta nueva singladura, si ningún barco se desvía, si ninguna tripulación se amotina, la flota gallega llegará a buen puerto. Y en este nuevo episodio marino, el gran puerto exterior vendrá a ser la proa coruñesa de la expedición, tan necesaria para la ciudad como para el conjunto de la flota.