Vuelve la tartera

| JORGE DEL CORRAL |

OPINIÓN

18 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

DESDE el próximo 1 de marzo Iberia cobrará los servicios a bordo. Esta decisión de la compañía española puede facilitar la vuelta de la tartera, ese recipiente tan socorrido en el que nuestras madres nos ponían el filete empanado o la pescadilla rebozada con el que los estudiantes mediopensionistas íbamos al colegio y los trabajadores al tajo. Con el desarrollo se perdió la costumbre y con su desaparición cayeron en desuso los carteles en bares y merenderos: «No se admiten comidas», que ponían los dueños para evitar que los parroquianos ocuparan la tarde en pan y vino mientras sacaban tajadas y tortilla de patatas de la consabida tartera. Durante algún tiempo este admirable invento se mantuvo activo entre los obreros de la construcción, hasta que los convenios laborales y los jornales dieron para comer en el restaurante más cercano. Con la competencia despiadada de las aerolíneas baratas, las tradicionales, esas que aún nos ofrecen un refresco, La Voz de Galicia y hasta una comida caliente, se ven en la necesidad de suprimir el periódico y el cátering y servir a quien lo solicite, a cambio de unos euros extras, un triste sándwich que para pasarlo requiere, al menos, un trago de agua que también tiene sobreprecio. En Estados Unidos, tan prácticos ellos, ya están subiendo los pasajeros con su pitanza en el lunch-box , contribuyendo a que el aire de los aviones sea una mezcla de olores intensos que van del ketchup a la mostaza y de la salsa Perrins, al curry, la enchilada y la hamburguesa con pepinillos. Naturalmente, y como es inevitable dada la anchura entre asientos, estos y la moqueta del pasillo empiezan a tener unos lamparones que no los disimulan los escasos servicios de limpieza, también reducidos en beneficio de la bajada del billete. La idea de los norteamericanos no es mala y pronto se generalizará en los vuelos de Iberia, lo que contribuirá a enriquecer los paladares y a fomentar la conversación y el intercambio de viandas entre los pasajeros. Como la dicha no suele durar mucho, es posible que la compañía instale un cartel luminoso que rece: «No se admiten comidas a bordo» y que la encantadora o el encantador sobrecargo inicie su saludo al pasaje diciendo: «Buenos días, señoras y señores pasajeros, les recordamos que en este vuelo La Coruña-Madrid no se admiten comidas por lo que les rogamos que se abstengan de abrir la tartera. Si lo desean y al módico precio de 6 euros les podemos ofrecer empanada de berberechos y un vaso de albariño. El comandante Reigosa y toda su tripulación les deseamos una feliz digestión y un buen vuelo».