Laberintos y senderos que se bifurcan

| EDUARDO CHAMORRO |

OPINIÓN

31 mar 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

SE DICE que quien no corre, vuela, y que quien no llora, no mama. Son máximas, con no poco de magia y algún ribete famélico, que aplicadas a la política se convierten en el atuendo más dominical y festivo de un anhelo que puede moverse entre la impertinencia y el oportunismo. También sirven para marcar el ambiente previo habitual a cualquier tipo de negociación. Thomas Moro, consejero de Enrique VIII, llamaba «concurrido laberinto circular y endemoniado» al panorama de las negociaciones, en las que era un experto. Su cabeza siempre estuvo llena de negociaciones hasta que se la cortaron, decisión a la que nadie recurre en las riberas civilizadas del Atlántico. Maragall pide una relectura de la Constitución, y esa petición es normal. ERC suspende la Ley de Calidad de la Enseñanza, y no es anormal que lo haga, más bien entra de lleno en esa tendencia a genitalizar la política tan afín al mesianismo de Carod-Rovira. Curiosa ley, por otro lado, esa en la que confluyen no sólo las dudas en cuanto a lo que pueda tener que ver con la Calidad y la Enseñanza, sino también las mucho más procelosas en cuanto a lo que pueda tener de Ley. Pero eso es otra historia. La historia a la que voy se refiere a lo que hay de normal en que los pasos previos a una negociación se den con cara de perro y pidiendo un reino de hidromiel en donde los ángeles canten y las nubes se levanten. Esos pasos son los del aprendiz. Luego entra en juego la maestría en el descenso hacia las luces de aproximación, para aterrizar en donde mejor lo permitan los puntos de acuerdo más plástico y fructífero en el marco de lo negociable. No hay lugar para los nervios ni para cuestión personal alguna. El arte de la negociación es lo que es, y consiste en alcanzar una coincidencia que nadie, entre la oferta y la demanda, pueda rechazar. El gobierno anunciado de Zapatero da la impresión de que el amplio panorama entre las llamadas políticas sociales y las negociacions políticas a secas se abordará con una solvente prudencia. Puesta Carmen Chachón en la vicepresidencia primera del Congreso, y Jesús Caldera en el Ministerio de Trabajo, Asuntos Sociales, Mujer e Inmigración, el límite a la precocidad y el aventurerismo está dado, señalado y marcado. Como también lo está el territorio entre lo que Zapatero sabe y lo que está dispuesto a aprender, entender y comprender de lo que le digan, entre otros, Solbes y Elena Espinosa, ambos expertos en negociaciones de envergadura extensa y resoluciones muy concretas y puntuales. Fijarse en lo que pueda haber de felipismo y guerrismo en ese gobierno insinuado es ahora lo de menos, por no decir que resulta ocioso, y no tan relevante, cuando los Asuntos Exteriores podrían quedar en manos de Miguel Ángel Moratinos, un enviado especial de la UE a Oriente Medio tan personalmente ceñido a Arafat como para resultar ciertamente embarazoso ante un buen número de cancillerías.