EL FÓRUM me había deslumbrado. Su espíritu innovador, abierto, multicultural, universal, me atrajo desde un principio. Comparaba, como otros, el evento catalán con el Xacobeo gallego. Y decía, también como otros, que aquí faltaba innovación, porque es siempre lo mismo; carecía de apertura cultural por ser más retro que otra cosa; no había visión de futuro, porque utiliza moldes del pasado; ni conexión intergaláctica, a no ser por el lamentable gol de Ronaldinho a la catedral. Y en estos pensamientos estaba cuando me puse a ver la retransmisión del acto de apertura. Profunda decepción. Parecía estar viendo una escena de Waterwold de Kevin Costner. Un monumento más a la cultura de lo efímero, de la ya tan denostada arquitectura del marketing, del diseño formalista con contenidos banales, de la misma banalización de la ciudad. Al final no deja de parecerme un imaginativo pretexto para justificar la fuerte inversión necesaria para continuar, no para mejorar, el proyecto de Abrir Barcelona al mar . Son al final pretextos basados en la moda del diseño por el diseño, de la forma por la forma, del espectáculo por el espectáculo, eso sí, todo ello en un envoltorio tecnosnob y en una exacerbación del banalásis . Después de lo visto, he cambiado el modo de pensar. Lo nuestro, la cosa nostra cultural imbuida del neocreísmo religioso, sigue aportando otros valores. Un sentido de permanencia enraizado en nuestra memoria histórica de profunda identidad cultural, un sentido trascendente vinculado a las raíces de nuestra civilización europea, una imagen de prestigio y de calidad para Galicia de las que tan necesitados estamos, un sistema integrado de valores humanos y sociales que contienen las bases de esa sociedad del futuro que todos anhelamos. Y son además bases vividas, experienciales, reales, posibles. Hace falta construir sobre ellas. Voy a exponer dos ejemplos. El primero hace referencia a una encuesta sobre el turismo cultural en España. Resulta que los tres productos más valorados, más innovadores, resultaron ser el Camino de Santiago, el Guggenheim y Gaudí. Claro que cuando la encuesta se hizo el Fórum no existía, pero dentro de seis meses también dejará de existir. Su pervivencia sólo será posible si hay otra ciudad dispuesta a imitarlo, a reeditar la idea, que al final no es tan innovadora como parecía. Son los temas de actualidad de siempre, los debates de siempre, los coloquios de siempre, pero preparados para eso que tan bien saben hacer los catalanes: vender. Claro que el Camino de Santiago se vende solo, y a poco que se promocione, perdurará en el tiempo, porque sus contenidos van adquiriendo nuevas interpretaciones a tenor de la evolución de la sociedad y de la cultura, siempre con un fondo de trascendencia en el tiempo, con una permanencia cimentada en la esencialidad del hombre y del espíritu. La otra anécdota es más personal. Estoy trabajando en un modelo de desarrollo basado en la identidad cultural como factor impulsor de la interacción entre la población y el territorio, a través del sentido de pertenencia, mediante la aplicación de las nuevas tecnologías. Y el referente es el Camino de Santiago. Pues bien, estaba comentando esta idea entre un grupo de investigadores europeos, a los cuales también exponía otras, y sobre la marcha me pidieron que escribiera un texto para tres revistas científicas, una inglesa, otra italiana y una tercera española. Aún no lo hice, y como no me pusieron límite de texto, todavía tardaré más. Es un ejemplo pequeño pero real del potencial innovador que la idea del Camino encierra. No sé, en cambio, si del Fórum se podrá escribir otra cosa que un artículo de prensa, o si llegará a superar la cultureta del suplemento, exceptuando -claro está- los congresos científicos que se van a celebrar. Y digo esto porque hay mucho de banalidad, de snobismo, de estética social, de tecnoestética. Sin negar sus valores y contribuciones, no nos comportemos como papanatas. Está bien que lo valoremos, pero sin despreciar a lo nuestro. En definitiva, tengamos el Camino en paz.