EL CONGRESO de los Diputados era ayer todo sonrisas, después de que se aprobara por unanimidad el proyecto de ley que perseguirá la violencia contra las mujeres. Poco después era detenido en Gerona el sospechoso de haber cometido el horrible asesinato de dos jóvenes mujeres policías. Ahí no hubo sonrisas; más bien, suspiros de alivio. Ya había un Código Penal que persigue la tortura, la violación y el asesinato. También hay una norma que regula el régimen penitenciario de los reos reincidentes en delitos odiosos, como era el caso. Pero las leyes no bastan; hay que bajar a la escuela y a las condiciones de convivencia. O estaremos como en el viejo cuento del infierno español, claramente preferible al alemán porque aunque en la letra el castigo es mucho peor en las calderas de nuestro Pedro Botero, en la práctica siempre falta un cable, hay un apagón o el demonio está echando la siesta.