EN EL AÑO 1985 recorrí varios pueblos de lo que ZP llama el Noroeste de España con tres máximos dirigentes de la primera organización armada antifranquista que se creó en España en la posguerra: la Federación de Guerrillas de León-Galicia (1942). Durante 18 días caminé a su lado, hablé con ellos y anoté sus recuerdos y reflexiones, que después publiqué en O regreso dos maquis . Se llamaban Marcelino Fernández Villanueva, César Ríos y Mario Morán, los tres socialistas. Y los movía un mismo propósito: «Que se conozca la verdad y que se nos presente como lo que en realidad éramos: unos hombres que luchaban contra el fascismo. No queremos ser héroes, pero tampoco los bandoleros y asesinos que dijo la propaganda franquista durante tantos años. Nosotros queremos nuestro lugar en la Historia, no en el presente». He pensado muchas veces en sus palabras estos días en que nuestros políticos parecen empeñados en traer al presente lo que es Historia. Me refiero a las referencias de Acebes a un retorno al 36, a la rehabilitación acrítica de Companys, al revisionismo laicizante que algunas autoridades de la iglesia católica atribuyen al Gobierno y que creen enraizado en la II República... Y lo que te rondaré, morena. Porque todo esto no ha hecho más que empezar. Y, si no, que se lo pregunten a Carod Rovira. Por eso echo en falta la cordura de aquellos tres guerrilleros, ya fallecidos, que comprendían la moderación de las fuerzas políticas (en particular la del PSOE) y el rechazo social hacia todo radicalismo. «Ahora toca mirar hacia el futuro, sin perder el tiempo en hurgar en el pasado. Yo lo hice así desde que salí de España en 1948 y me ha ido bien. El pasado contiene muchas lecciones y hay que conocerlo, pero no debe atarnos. Lo que tenemos que hacer está en el futuro». Me lo decía Marcelino F. Villanueva, entonces presidente del PSOE en Buenos Aires. Le habían fusilado a catorce familiares y amigos en su Olloniego (Asturias). Pero sólo reivindicó el recuerdo. Y ahora yo lo recuerdo a él con admiración porque, en los días que pasamos juntos, nunca miró hacia atrás con ira ni hacia el futuro con afán de desquite. Toda una lección.