El atleta del Kremlin

JOSÉ JAVALOYES

OPINIÓN

21 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

VLADIMIR Putin sigue la exhibición. Tras del anuncio de misiles capaces de dejar en bragas a la americana «guerra de las galaxias», la subasta de la petrolera Yukos, que culmina el desmoche de los oligarcas. A la muestra de bíceps sigue la exhibición de los tríceps. Aquéllos, para la diplomacia del nuevo Kremlin; éstos, para la política interna. Misiles con un radio de 10.000 kilómetros para patentizar que Rusia sigue ahí, con la potencia necesaria, pese a la disolución del cascarón soviético. Expropiación judicial de la petrolera joya de la corona, afanada por M. Jodorkovski: príncipe de los oligarcas (seis hebreos rusos y un ruso eslavo) a quienes enriqueció Boris Yeltsin como premio por su colaboración en los dramáticos inicios del cambio. Vladimir Putin, formado en la cultura de la seguridad del Estado como agente del KGB, tiene todos los recelos y todos los tics pertinentes frente a la sociedad civil. Más aun si sus claves están en manos de los enriquecidos con el desguace del Estado. Fue el botín en el tiempo en que las mayorías nacionales rusas pagaban a precio de oro, con hambrunas sin cuento, el acceso a la libertad. Requirió Putin de los oligarcas, al comienzo de su primer mandato, que se abstuvieran del intento de sumar el poder político a su poder económico. Hubo pacto pero el pacto fue roto. Los otros oligarcas están en el exilio, Jodorkovski en la cárcel y la petrolera Yukos en subasta. Putin, nacido en San Petesburgo, la ciudad que Pedro el Grande mandó construir sobre los pantanos del Neva, como himno impasible y despiadado de la Ilustración, aspira a levantar el orden democrático ruso sobre los tremedales de una transición democrática inacabada. Su plan aparente, acabar el post-sovietismo: rescatando poder internacional y ordenando los poderes en Rusia. Pero todo, claro está, será con el permiso de los caucásicos. El del complejo militar-industrial, lo tiene.