CASTRILLO se ha ido y, al contrario que en el caso de la primavera de los versos, todos sabemos cómo ha sido. Más difícil es determinar por qué y para qué. Mi previsión es que tardaremos tiempo en despejar la incógnita con certeza. El ya ex líder municipal del BNG vigués no se ha sido ligero de equipaje. Su paso por la Alcaldía no fue precisamente brillante y su estancia en la oposición, con el socialista Pérez Mariño de primer regidor, fue un fulgor de navajas. Él tiene el gran mérito de haber desenfundado primero contra sus socios del PSOE, y quizá al magistrado le faltó compostura para aguantar el envite. Después, la impresentable alianza con el PP para aprobar el Plan General, ha sido la culminación de una carrera de despropósitos, y para colmo, hasta que el PXOM ha estado encarrilado, Pérez Castrillo no ha abandonado. Un tema tan sensible como éste siempre es un semillero de suspicacias. Sostengo de antiguo que el tándem PSOE-BNG necesita promover la moción de censura en Vigo. No pueden consolidar cada día más una imagen de desunión que hace mucho tiempo proyectan. Pero tienen ante sí la muy difícil tarea de discernir si en este caso sus necesidades tácticas se pueden resolver sin un elevado coste. No hay que rasgarse las vestiduras: hagan lo que hagan, sea un acierto o un despropósito, sus leales, mayoritariamente, les seguirán igual. Pero la franja de la población que suele inclinar los resultados electorales puede juzgar una alegría partidaria promover ahora o más adelante la moción para desalojar a Corina, cuando ésta crece en consideración. Además está la convivencia futura entre socialistas y nacionalistas en el seno del gobierno, que cabe estimar como muy difícil en tanto el tiempo no borre heridas profundas como la del PXOM. Un segundo resbalón, otro enfrentamiento entre ellos, tendría repercusiones negativas por mucho tiempo. Tienen el derecho de desalojar al PP, pero también la obligación de ser prudentes y constructivos.