DÍAS ATRÁS constatábamos cómo el Gobierno central había priorizado en sus presupuestos al AVE entre Valladolid y Gijón vía León; hace ya muchos meses supimos también que el puerto exterior de Gijón tenía prioridad sobre el coruñés en la captación de fondos europeos; ahora nos dicen que en Gijón se va a construir una nueva gasificadora, así como nuevos ciclos combinados en las centrales termoeléctricas. Mientras, en Galicia se reduce la financiación prevista y necesaria para cumplir los plazos del AVE, o al menos para permitir que llegue en plazo razonable, da igual por donde sea; en A Coruña no acaba de asegurarse la financiación europea de la cada vez más necesaria dársena exterior; en Ferrol surgen dudas sobre la planta de gas y la central de ciclo combinado de As Pontes, sin cuya actividad el puerto exterior ferrolano quedaría diezmado; en Ferrol se pierden los tiempos para la conexión ferroviaria del puerto y del área metropolitana comarcal con la red de alta velocidad y, al mismo tiempo, una extraña alianza político-empresarial gallega dio al traste con la oportunidad de controlar la empresa energética en la que el capital y los intereses gallegos están más implicados, obviando incluso al principal accionista gallego en la toma de posiciones. Evidentemente, no podemos decir que estamos siendo tratados en condiciones de igualdad con nuestros primos hermanos. Tampoco por el Sur las noticias son mejores. Hace tiempo que estamos acostumbrados al entusiasmo vigués por la opción del Norte de Portugal, tanto que los llevó a introducir en el discutido PGOU que el objetivo era hacer de Vigo la capital de un eje atlántico que según ellos acaba en Oporto. Hace tiempo también que debíamos saber que en la metrópoli del Duero su posicionamiento de confrontación con Lisboa los llevó a idear la intensificación de la relación con Galicia para ampliar su cuota de mercado. Ahora la inauguración del nuevo aeropuerto internacional lo deja bien patente. Ello no impide que también para nosotros, para nuestras empresas sea ventajoso introducirse en el mercado portugués, ni tampoco que Vigo intente jugar la estrategia del gran puerto central como una oportunidad. En todo caso, la intención de los dirigentes de la metrópoli de Oporto sigue siendo la misma. Ya se ve que también para los hermanos portugueses su casa es lo primero. Mientras, nosotros, sin peso ni apoyos reales en el centro español de decisiones, nos contentamos con seguir haciendo juegos florales. No dudo de que, de seguir así, podamos llegar a tener una primavera anticipada, pero debajo de las flores no quedará más que hierba segada. Tal vez sea entonces cuando nuestros hermanos asturianos y portugueses empiecen a tratarnos como tales, porque ya hemos dejado de ser competidores.