Ha estallado Navarra

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

COMO espectáculo es entretenido. El Gobierno dice por boca de su portavoz: «Batasuna va por buen camino», y los aludidos responden a esta bendición monclovita que quien va por un camino fatal es el señor Zapatero. Y ayer, el mismo portavoz, el muy eficaz Fernando Moraleda, mostró interés en aclarar que «el futuro de Navarra no está en el debate del proceso de paz». Con esa seguridad nos marchamos a almorzar. Con el postre nos sirvieron la inevitable respuesta de Batasuna, a través de un miembro de su llamada mesa nacional: «No existe ninguna posibilidad de solucionar el conflicto sin Navarra». Esto sí que es un gatillazo para el horizonte. No es que los independentistas vascos sigan soñando con la anexión de la Comunidad Foral. Nunca renunciarán a ella. Es mucho peor: es que la imponen como condición para dejar las armas. La primera y elemental deducción de tal aviso es que al señor presidente del Gobierno y a todos nosotros nos acaba de estallar Navarra en las manos en plenas ensoñaciones de paz. Estamos ante la primera, grave y dramática condición del mundo etarra en un proceso donde todos habíamos aceptado que no podría haber concesiones políticas. ¿Por qué digo dramática si la incorporación de Navarra al sistema autonómico vasco está prevista y regulada por la disposición transitoria cuarta de la vigente Constitución? Lo digo por dos razones. Primera, porque la iniciativa de esa hipotética incorporación no corresponde a los vascos, sino al pueblo navarro a través de su Parlamento, y en un procedimiento que culmina en dos consultas populares. Todo lo que sea saltar esa norma o traficar sobre ella y, desde luego, al margen de ella, sería burlar la Constitución. Ni Zapatero ni nadie lo puede hacer. No habría Tribunal Constitucional que lo autorizara. Y segunda, porque esas expresiones de los portavoces oficiales y de los máximos dirigentes del Partido Popular, en el sentido de que «Navarra no es negociable», es el sentimiento popular navarro y de gran parte de la opinión pública española. Incorporar Navarra al País Vasco no es hacer una confederación de autonomías. Es construir la nación de Euskal Herría. Es darle territorio a un nacionalismo que, como casi todos, muestra vocación expansionista. Euskadi sin Navarra, en su dimensión actual, como dijo el propio portavoz de Batasuna, «no se sostiene en el mapa». Con Navarra empieza a ser una nación posible. Conclusión para este primer comentario: si los recientes atentados nos hicieron hablar de jarro de agua helada, esto es un mazazo a las esperanzas de paz. Es la condición política que para Batasuna será imprescindible, pero para el Estado español es inaceptable. Y más, como punto de partida.