Kioto, solución o problema

| UXÍO LABARTA |

OPINIÓN

28 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

EL PROFESOR Ramón Margalef afirmaba que «si por desarrollo se entiende una aceleración mantenida por una fuerza constante, el término desarrollo sostenible sería un oxímoron, o combinación de términos contradictorios». A pesar del principio de quien contamina paga, la realidad de los movimientos ambientalistas y ecologistas es que han mantenido siempre un rechazo a la introducción de los mecanismos de mercado en la gestión ambiental. La excepción la encontramos en el protocolo de Kioto. Recientemente se han hecho públicos los datos de las emisiones de gases de efecto invernadero y de la posición gallega en el contexto español, y se asiste a la reivindicación de la energía eólica y de la renovable. Los datos y análisis que ustedes han podido leer en La Voz de Galicia evidencian las dificultades para cumplir el protocolo de Kioto y la incidencia de éste en nuestro desarrollo industrial, pues las emisiones en Galicia se sitúan en un 9% del total español y el producto interior bruto en un 5,6%. Pero no son unicamente los valores de emisión de gases contaminantes los que nos sitúan lejos de un desarrollo sostenible, sino que indicadores como la Huella Ecológica, indicador de síntesis del grado de sostenibilidad, sitúan a la economía gallega en una demanda de 14 millones de hectáreas, 7 hectáreas por habitante, un 40% superior a la del conjunto de España, y también de otros países, tal y como ustedes se pueden documentar en los trabajos publicados en el último número de Grial . Si bien Kioto se ha convertido en piedra angular reguladora de una actividad de alto riesgo para la biosfera: la emisión de gases de efecto invernadero también trasciende esa caracterísitica y puede utilizarse como indicador de la evolución y la gestión de uno de los elementos de la sostenibilidad. Y ello tiene su importancia, porque si bien el mercado de emisiones y su asignación territorializada plantean problemas en la dinámica industrial, además de integrar en los precios el coste ambiental, permiten una reflexión y un debate permanente sobre las políticas desarrolladas y el desarrollo sostenible. Por ver si no es de carácter oximórico. Más allá de alarmismos ambientales y justificaciones desarrollistas.