AHORA el policentrismo urbano está de moda. Todo empezó en una conferencia celebrada en Potsdam en la que yo mismo defendí el modelo policéntrico aplicado a Galicia. Una vez asumido como principio estratégico se ha convertido en un lugar común, aunque no por ello menos interesante. Lo sorprendente es que aquí en Galicia, donde el territorio nunca ha sido interés prioritario para los políticos, se ha ido forjando una teoría propia del policentrismo urbano, asentada en nuestros valores identitarios, generando una línea de pensamiento propia. Varios autores hemos escrito sobre esto desde diferentes disciplinas. Fue en 1932 cuando A. Palacios diseñó la Ciudad Comarcal de Vigo, una ciudad policéntrica inspirada en el modelo inglés del countrytown. Más tarde, en un texto menos conocido, amplió esa ciudad policéntrica al conjunto Vigo-Pontevedra-Vilagarcía. Habrían de pasar muchos años hasta que en 1979 el primer plan de coordinación territorial de Galicia volviera a diseñar un espacio urbano policéntrico para las Rías Baixas. Más frecuentes fueron los estudios sobre este tema, al que yo mismo dediqué un libro construyendo una teoría destinada a configurar una ciudad policéntrica sobre un espacio de urbanización difusa para promover una recentralización ordenada. Más aun, hace apenas un año el plan estratégico que encargó la Diputación de Pontevedra propugnaba esa ciudad policéntrica de Vilagarcía a Viana, asignándole a los ferrocarriles de cercanías la función vertebradora. Estos días el presidente de la Xunta anunció la autovía Vigo-Pontevedra-Vilagarcía, lo cual sin duda sería el primer paso para hacer realidad esa ciudad policéntrica difusa, que deberá completarse con los trenes metropolitanos, como el propio plan provincial también decía. Es una buena noticia. Pues bien, llegados a este punto, no puedo evitar preguntarme: ¿cómo hubieran sido las cosas si se tuvieran en cuenta las ideas expuestas antes de que un crecimiento espontáneo y descontrolado se hubiera adueñado del territorio? Y todos estarán conmigo en que, en ese supuesto, las Rías Baixas serían hoy una ciudad armoniosa, bellísima y muy atractiva, y no sólo para los turistas. Es una más de tantas oportunidades perdidas por falta de cultura planificadora. Pero hoy lo importante es aprender del error. ¡Ojalá fuera así!