SÓLO hay que leer la sección de La Voz con noticias de hace 25 o 50 años para quedarse asombrado. En más de una ocasión rezaba esa sección que se quemaba el monte gallego. Como con los naufragios. Urquiola, Mar Egeo, Prestige... ¿Les suena la canción? Con los incendios, otro tanto. Se quemaba Galicia hace décadas y se calcina ahora. Los datos claman: en el 89 perdimos 71.000 hectáreas. En el 95, 22.000. Pero es que en el 97 fueron 24.000 y, en el 2004, casi 30.000. Este verano infernal, el número se disparó a 77.000 (según la Xunta). Los números no hablan, cantan. Si te desvalijan la casa una vez y te vuelven a robar porque no hiciste nada, todo el mundo diría que eres un imbécil. Aquí reconocemos las causas. Hablamos del abandono del rural, de una mala política forestal. A los políticos se les llena la boca con la repoblación. Dicen que hay que denunciar y detener a los culpables. Cierto. Hay que llegar hasta el final, sin miedo. ¿Quiénes son de verdad los que queman y por qué lo hacen? El humo huele. Ningún responsable político gallego puede decir que incendios o naufragios son problemas con los que no contaba. Es como si un manco se queja de no tener brazo. Los políticos tienen la obligación de tomar medidas para que no vuelva a ocurrir. Sólo se acuerdan de los ciudadanos para salir en las fotos, para recaudar impuestos y votos. Los políticos son profesionales que cobran del pueblo. Hay que ser la conciencia crítica del poder. No queremos planes virtuales ni visitas de urgencia a la zona cero . Deseamos compromisos fechados y firmados. ¿Quién quiere autoridades sin autoridad? Lo demás es aplazar lo inaplazable. No podemos tener sólo coraje para recoger fuel y apagar el fuego con nuestras manos. Estamos muy quemados. cesar.casal@lavoz.es