El éxito escolar en Galicia

| CELSO CURRÁS |

OPINIÓN

EL MINISTERIO de Educación y Ciencia hizo públicos este verano los datos sobre la evolución del fracaso escolar en España entre los años 2000 y 2004, y el periódico profesional Magisterio acaba de ofrecerlos en exclusiva. Galicia figura en este informe como la segunda comunidad autónoma que más ha mejorado, es decir, en la que el descenso del fracaso escolar ha sido mayor, situándose éste por debajo de la media estatal y en la sexta mejor posición entre todas las comunidades autónomas. Nos alegramos de estos resultados, por lo que suponen de reconocimiento para Galicia y para sus profesionales de la educación y también, por qué no decirlo, porque nosotros ostentábamos responsabilidades de gobierno durante esos años. Sin embargo, hay que reconocer que nos queda bastante camino por andar para acercarnos, como ha de ser nuestra aspiración, a la situación de los mejores países desarrollados. Y el primer paso que debemos dar ha de estar centrado en la consecución de unos objetivos básicos para cualquier sistema educativo que busque la calidad: orden y disciplina en el centro docente, hábitos de esfuerzo y de trabajo personal en el alumno, y estrecha coordinación entre la familia y la escuela. Evidentemente, hay otras metas, pero tienen que basarse en estos pilares. Este curso comienza a aplicarse una nueva ley de educación. Los que llevamos tiempo implicados en la tarea educativa, como profesionales, como gobernantes o como padres, tenemos la sensación de estar inmersos en una permanente reforma de la reforma de la educación. Tuvimos que acostumbrarnos a la Loece, a la LODE o a la Lopeg. Nos costó mucho trabajo y disgustos implantar una ley de la que es mejor olvidarse pronto: la Logse. Hace cuatro años que está en vigor la LOCFP. Con poco tiempo aún de vigencia, la LOU ya tiene borrador de nuevo texto y, sin apenas haberse aplicado la LOCE, vamos a empezar con el desarrollo de la LOE: nuevos programas y, como consecuencia, nuevos libros de texto; nuevas materias; nuevos horarios; nuevos equipos directivos en los centros docentes¿ y, en fin, nueva normativa de todo rango que enviará a la papelera boletines y manuales recién estrenados. Pero, lo que es peor, todas estas innovaciones volverán a causar unas preocupaciones a las comunidades educativas que, nuevamente, las distraerán de lo esencial, de lo imprescindible, de lo urgente: el fomento de la buena convivencia, de la responsabilidad personal y de la implicación de los padres en la educación de sus hijos.