Lógica de pueblo para un círculo infernal

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

17 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

D e tanto querer decir la verdad, este Gobierno está acongojando al personal. Zapatero y Elena Salgado no hacían más que tropezar con brotes verdes al levantarse cada mañana; Rajoy, Montoro y De Guindos solo ven nubes negras en el horizonte. Zapatero y Elena Salgado no se fiaban de los informes del FMI, de la OCDE o de Bruselas, porque siempre se equivocaban en sus predicciones. Rajoy, Montoro y De Guindos tienen esos informes como la Biblia y son su guía de gobierno. Así que les aseguro que no sé con qué quedarme: a veces prefiero el optimismo de los brotes que, al menos, hacían soñar alguna esperanza, y a veces siento la necesidad de elogiar al equipo actual, porque sus dictámenes no nos llaman a engaño. Su diagnóstico se resume en una frase: lo peor está por llegar.

¿Y por qué lo peor está por llegar? Por la lógica de mi pueblerina lógica económica: si en el último trimestre del 2011 el PIB bajó «solo» un 0,3 % y se perdieron más de doscientos mil puestos de trabajo, ¿cuántos se van a perder en el 2012, si se prevé una caída del PIB del 1,5 %? Me sale una cuenta de un millón de empleos. Y eso, sin aplicar las facilidades de despido de la reforma laboral. Si hay muchas empresas privadas que las aplican; si se suceden los ERE en las empresas públicas que sufren recortes presupuestarios (algo también previsto en la reforma) y si se siguen aplicando las tijeras con entusiasmo en los servicios públicos, esa cantidad se puede quedar pequeña. No es una profecía. Es un deducción. Es un miedo que me parece razonable.

¿Saben ustedes lo que es pagar un millón más de subsidios de desempleo? Desembolsar un mínimo de 12.000 millones de euros al año. Y esa cantidad habría que añadirla a los 44.000 millones de ahorro necesario para situar el déficit en el 4,4 % que nos exige la Unión Europea. Imposible, ¿verdad? Ni subiendo el IVA se consigue eso. Resultado: por algún lado hay que romper la cuerda, y espero que no sea por el lado de la protección social. Así de dramático está el patio.

Y los tecnócratas de Bruselas, a todo esto, no dejan de apretar: ni una décima de perdón en el déficit; ni un día de moratoria en los objetivos; si se derrumba el Estado de bienestar, no es su problema; si se incendia la sociedad de cabreo soberano, nos está bien empleado por lo bien que hemos vivido. Nos están metiendo en un círculo infernal: si el Gobierno recorta más, se cae todavía más la economía; pero si quiere animar la economía, no puede hacer los recortes que exige Europa. Si Rajoy sabe sacarnos de ese círculo, habrá que hacerle un monumento en cada pueblo de España. De momento, solo anda en la previsión. Eso sí: con un emocionante tributo diario a la verdad.