Un diario de reparto gratuito, del que me surto todas las mañanas antes de adquirir los diarios de pago, entrevista al abogado Harvey Specter, que lidera el célebre bufete neoyorquino Pearson & Hardman. El diario le pregunta a Specter por qué Pearson & Hardman ha decidido venir ahora a instalarse en España. Y el abogado responde que no conoce ningún otro lugar en el mundo con más políticos imputados por metro cuadrado. El entrevistador le pregunta a Specter si cree que los políticos reciben un especial trato de favor y el abogado neoyorquino, aunque no lo diga expresamente, disintiendo plenamente de unas palabras del discurso navideño del rey, declara que nos han enseñado que todos los ciudadanos somos iguales ante la ley, y eso es una gran mentira. ¿Sufre mucho Specter a la hora de aceptar un cliente? Specter no es hijo del lacrimógeno Petrarca y, a la hora de elegir un cliente, nunca mira su historial. Él le mira al cliente directamente a los ojos y le pide que le diga la verdad. Si el cliente le dice que es culpable Specter y su equipo de 200 abogados en plantilla trabaja duro para que sea inocente. ¿Y si el cliente le dice que es inocente? A esta pregunta, con el buen humor que genera el éxito profesional, Specter responde, riéndose, que los clientes nunca le dicen que son inocentes.
Este abogado está especializado en defender a clientes envueltos en casos de corrupción. El periódico incluye un chiste que tiene gracia. Se pregunta: ¿en qué se diferencia un abogado de un cuervo? Y responde: en que uno es rapaz, ladrón y traicionero, y si puede te saca los ojos, y el otro es un inocente pajarito negro.