Un cuento de García Márquez, Un señor muy viejo con unas alas enormes, trata la desgracia de un ángel que cae a tierra y es encerrado en un gallinero y exhibido como una bestia. El pobre anciano ve cómo los vecinos le tiran sobras de comida; y el cura, que lo encuentra viejo, desplumado y sospechoso, empieza a cavilar si no será el demonio. Ese ángel caído somos ahora usted y yo. El que desde Galicia quiera ir a Madrid por aire pagará una fortuna o aceptará las vejaciones de, por ejemplo, Ryanair. La primera es la tomadura de pelo de la contratación on-line. Uno, que elige un vuelo muy barato, ve cómo la cifra se va inflando. Lo prometido no es más que una zanahoria y el precio final se ha multiplicado. Luego te humillan con el equipaje. Si no cabe en su minúsculo molde va a la bodega a precio de hotel de cinco estrellas. Las guanteras fueron arrancadas para evitar su uso, y las azafatas, que con suerte veremos retratadas en bikini en la revista, pasan la bolsa de basura para los papelitos de los caramelos. Luego la rifa, con mucha algarabía, como en una tómbola de pueblo; y al aterrizar tocan una trompeta. Al salir, en lugar de las gracias, podrían darnos un coscorrón, pero todo se andará. Entre tanto, hablemos de aeropuertos y gallineros.