«¿Es el enemigo? Que se ponga»

Ramón Irigoyen
Ramón Irigoyen AL DÍA

OPINIÓN

27 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Si los estudiantes valencianos no fueran las hienas salvajes que son sino mansos corderillos de aldea galaica que albergaran en sus entrañas un corazón de oro, se habrían manifestado en las calles para agradecer al Gobierno los recortes en la educación pública. Porque ¿hay algo más bello y estimulante que un recorte económico? ¿No dormimos mejor el día que la empresa o la institución en que trabajamos nos anuncia que nos ha bajado el sueldo? ¿No son los días más felices de la vida aquellos en que nuestras cuentas corrientes bailan de júbilo porque los números negros han dejado de ser negros y se han convertido en números rojos como la amapola, rojos como el pañuelico que se atan los pamplonicas en los sanfermines, rojos como la sangre de Abel, el hermano bueno de la Biblia? Pero los estudiantes valencianos tienen la sangre negra, como Caín, y por eso protestan en las calles. Hasta qué punto es negra la entraña de los estudiantes valencianos lo hemos visto estos días cuando le han hecho perder la paciencia incluso al jefe superior de Policía en la Comunidad Valenciana, Antonio Moreno, un hombre cuya dulzura con sus huestes admira en el cielo el mismísimo Francisco de Asís, santo de cuyas manos comían serenamente los lobos y los chacales. Antonio Moreno, el san Francisco de Asís del Turia, ha perdido la paciencia y ha calificado al grupo de manifestantes estudiantiles como «el enemigo». Es una pena que los estudiantes valencianos no valoren la inmensa cultura militar de Moreno, hombre que, de haber nacido un poco antes de lo que lo hizo, habría logrado, con Julio César, una fantástica carrera en la guerra de los Galias, y que, sobre todo, los estudiantes no valoren que este jefe de la Policía es un genio de la oratoria y donde pone la palabra con puntería militar, pone la bala. Su puntería suena a homenaje a Gila, aquel genio del humor que satirizaba la guerra: «¿Es el enemigo? Que se ponga».