D icen las estadísticas que lo probable es que la mujer entierre al marido, dado que la esperanza de vida de las mujeres españolas -de las más longevas del mundo- casi raya en los 85 años frente a los 78 años, con cuatro décimas nada desdeñables, que viven los hombres. Hace 20 años, los hombres vivían cinco años menos y las mujeres tenían una esperanza de vida de casi 81 años, datos que revelan que la diferencia de esperanza de vida se está acortando a favor de los hombres.
¿Por qué los hombres, en un lustro, han acortado un año esta diferencia en la esperanza de vida con las mujeres? Porque los hombres mayores han empezado a ser ya realmente adultos y, entre ellos, la peste del tabaco y el tsunami del alcohol en grandes cantidades van perdiendo terreno para bien de los vivos y de los muertos, a quienes también les afectan el nauseabundo olor del tabaco -que conozco bien por haber sido fumador- y el cante bucal del alcohol. Otro dato que revela que los hombres mayores son ya adultos responsables es el hecho de que, cuando están enfermos, van al médico. Desde la prehistoria hasta hace cuatro días, un hombre no iba al médico ni cuando sufría un infarto en la calle porque, en cuanto oía la sirena de la ambulancia, se levantaba de un brinco de la acera en la que estaba postrado y salía huyendo por pies para librarse de ser ingresado en el hospital. Hoy los hombres mayores, incluso los que tienen carné de machos alfa, van al médico y, año a año, van limando la diferencia en la esperanza de vida respecto a sus mujeres.