Como hay que ser benévolo con los muertos -aunque quizá no con todos-, no hay que hacer sangre con el pseudopoético título Prohibido suicidarse en primavera, del dramaturgo Alejandro Casona. Ha llegado la primavera, que, claro, la sangre altera y es, por tanto, un buen momento para hablar del suicidio, un tema tabú.
El sociólogo, periodista e hijo de suicida Juan Carlos Pérez, autor del excelente libro La mirada del suicida. El enigma y el estigma, nos dice que en las facultades de periodismo se enseña que el suicidio no es noticia.
Pérez piensa que, en cierto modo, es correcto que no sea noticia periodística cada caso de suicidio individual y, desde luego, no se debe informar de los métodos de suicidio ni dar detalles que alimentan el morbo.
Pero es, a la vez, un grave error porque sí se debe hablar del suicidio como fenómeno social ya que, numéricamente, es -y limitémonos ahora a España -la primera causa de muerte violenta. Por cada muerto en accidente de tráfico mueren dos suicidas.
Cada día del año se suicidan nueve personas en España. En el 95 % de los casos existe algún tipo de trastorno psiquiátrico y casi siempre, detrás del suicidio, hay una depresión.
El Ministerio de Sanidad, hasta el 2008, nunca había programado una campaña de prevención del suicidio.
La Seguridad Social da una ínfima asistencia a los pacientes con trastornos psiquiátricos y, en consecuencia, la prevención del suicidio la considera un lujo de marcianos, del que debe ocuparse la sanidad privada.