Aunque la deuda pública española se mantenga en niveles todavía aceptables (71,2 % del PIB), el Estado tiene graves dificultades de financiación por cinco motivos: porque nuestro déficit público es peligrosamente elevado (por encima del 8 %) y cada año debemos más; porque las fuentes de recaudación están agotadas, ya que las familias y las empresas deben cantidades desorbitadas; porque la banca no está sana, y en vez de dar crédito lo demanda; porque el consumo y la actividad económica van a la baja a causa del paro y la caída de los salarios, y porque para financiarnos en el mercado tenemos que hacerlo a un interés insostenible.
¿Y qué dicen los gurús de la economía española ante tan negro panorama? Pues dicen que si el BCE nos mandase un tren cargado de euros, prestados al 2 % y sin condiciones especiales, podríamos volver a crecer (Plan E, renta de emancipación y cosas así); podríamos seguir haciendo estaciones de AVE y auditorios a 200 millones la pieza; podríamos mantener intactos los tinglados autonómico, municipal, provincial y estatal; y podríamos mantener un Estado de bienestar sin más requerimientos que gastar dinero a caño abierto.
También dicen que si nos comprasen deuda mala al precio de la buena el Gobierno podría aguantar así tres años más, subir las pensiones, bajar el IRPF, y ganar otras elecciones, y generar flujos de dinero que nos permitiesen reactivar la construcción, llenar los restaurantes y pasar en Cancún el puente de la Constitución. Finalmente aclaran, porque a nuestros gurús no se les pasa ni una, que no podemos hacer nada de eso porque «la Merkel» -que es teutona- no quiere cargar el tren con billetes de quinientos, ni Draghi está dispuesto a comprar deuda mala al precio de la buena y a demanda del emisor.
¿Y qué dicen en Bruselas? Que si recortamos el déficit, reestructuramos el gasto y modificamos la fiscalidad al modo europeo, nos pueden ayudar y respaldar la deuda. Y que si no lo hacemos, no van a tener más remedio que intervenirnos o dejarnos ir a la buena de Dios. Por eso extraña tanto que tras el gran éxito de la cumbre de Bruselas, donde toda la prensa del Sur -excepto yo- vio a Merkel derrotada, a Hollande liderando la nueva Europa, a Monti convertido en el lince inspirador del Hollmonjoy, y a Rajoy encumbrado al liderazgo de Occidente, lo primero que hizo Francia (4,5 % de déficit) fue un recorte de 40.000 millones; lo primero que hizo Italia (3,9 % de déficit e IVA del 21 %) fue un tajazo de 30.000 millones -suprimiendo provincias, camas de hospital, funcionarios y mandangas-, y lo primero que hizo España (8,5 % e IVA del 18 %) fue decir que lo iba a hacer todo, pero aún no hizo nada. Por eso no se fían. Porque dos más dos -a pesar del bosón de Higgs- siguen siendo cuatro. Y ese es, no le den vueltas, nuestro principal problema.