03 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.
Una tragedia, un accidente aéreo con dos víctimas mortales, abre las puertas de un mundo paralelo. Sirve para recordar que, entre el fragor de la batalla bursátil, del avance implacable de la prima de riesgo y de la oscuridad del recorte continúan encendidas algunas luces. El mecanismo del sistema de trasplantes sigue engrasado en plena tormenta financiera. Y un corazón viaja de Oporto hasta Asturias para que una vida no se apague. A día de hoy, esta es una de las cosas de las que España todavía puede presumir. Aunque la Bolsa hoy no lo tendrá en cuenta. Ni servirá para mejorar la crisis de la deuda soberana. Es el problema de lo poco que llega a contar aquello que no tiene precio.