El hijo del emigrante de Lugo

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

A principios del siglo pasado, un aldeano de Lugo decidió, como otros miles, buscar la vida fuera de su tierra y se marchó a Madrid. Recorrió aquellos centenares de kilómetros a pie, durmiendo donde podía y ofreciéndose a trabajar para comer. Llegó a la capital, encontró un empleo y llegó a tener una empresa de transporte. Muchos lucenses y otros muchos gallegos hicieron lo mismo: subieron montañas, cruzaron la estepa castellana sabe Dios con qué calzado, pasaron calamidades, pero iban en busca de un sueño. No sabemos cuántos se habrán quedado en el camino, pero en Madrid hay todavía varias empresas que han sido creadas por ellos. Fueron los peregrinos del hambre, que buscaban la Compostelana de un empleo.

El aldeano de esta historia tuvo éxito y un hijo de más éxito todavía. Se le llegó a llamar «flor y nata de los negocios». Creó un holding que rebasó las fronteras españolas. Llegó a comprar una de las grandes compañías aéreas del mundo. Fue un referente del turismo. Poseyó hoteles, agencia de viajes y no hubo fuente de dinero que se le haya resistido. En la cumbre de tan brillante biografía se propuso la meta de presidir la patronal española, y los empresarios le otorgaron su confianza. Parte de la clase política, como Esperanza Aguirre, se dejaron seducir por su influencia. Ese hijo del emigrante de Lugo dicen que engañó a todo el mundo hasta que se deshizo su imperio. Se llama Gerardo Díaz Ferrán.

La imagen del final de su escapada se vio ayer: en un furgón de la Policía Nacional. El juez le impuso una fianza histórica, de 30 millones de euros, para evitar la prisión. Tiene derecho a presunción de inocencia, pero sobre él pesan sobre gravísimas acusaciones. Hizo todas las trampas que se pueden hacer, pero la peor ha sido dejar sin cobrar a sus trabajadores, mientras él ocultaba su patrimonio. Otro presunto delincuente (casualmente dueño de hoteles en Lugo y Ourense, pena de empleados) fue el organizador de su trama final y tiene que depositar una fianza todavía mayor para librarse de la cárcel.

Así pasa la codicia del mundo. La última historia de España está llena de codiciosos que han causado incalculables daños al país: Urdangarín, que ha puesto en cuestión a la Monarquía; Flores, cuya ambición está detrás de la muerte de cinco jóvenes en Madrid; el chino de la mafia, rey del blanqueo y del fraude fiscal; todos los políticos que han mordido el anzuelo de la corrupción; y ahora, Díaz Ferrán y su trama. Uno de ellos está en libertad por el error de un juez. Otros pagarán sus fianzas sin problemas. Quizá alguno sea indultado, como se indultó a un famoso banquero. Para David Reboredo, el reinsertado hijo del ciego de Vigo, no existe ninguna compasión.