Tres cosas hay en la vida... y ninguna marcha bien

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

13 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Las cosas realmente importantes, al menos en nuestra cultura occidental, suelen presentarse de tres en tres. Desde el dogma de la Santísima Trinidad hasta el prosaico «tres en uno» del anuncio publicitario, pasando por la tríada de la salud, el dinero y el amor que colman el odre de la vida, según la vieja canción de Rodolfo Sciammarella.

La economía no es una excepción. Los asuntos verdaderamente decisivos, enumerados por Paul Krugman en La era de las expectativas limitadas, también forman trinidad: el empleo, la productividad y la distribución de la renta. Es decir, el número de brazos y cerebros dedicados a crear riqueza, la riqueza creada por cada trabajador y el reparto de la riqueza creada. Si las tres piezas de la máquina funcionan a la perfección, nada puede ir mal. Si alguna falla, nada puede ir bien. Así de claro.

¿Acaso no tienen importancia el déficit público, la prima de riesgo o la sequía del crédito, por citar únicamente tres de los muchos fantasmas que mantienen en vilo a nuestros gobernantes? Ciertamente que la tienen, pero solo porque inciden, para bien o para mal, en la marcha de los tres negocios fundamentales. Al igual que nos preocupa la gotera de la vivienda o del garaje porque afecta, o puede afectar, a nuestra salud o a nuestro bolsillo.

Un somero vistazo a los tres asuntos decisivos permite comprobar el estado comatoso de la economía española. El empleo: antes de estallar la Gran Recesión había más de veinte millones de empleos y ahora nos acercamos a seis millones de parados. Uno de cada cuatro trabajadores vegeta a la sombra de la prestación por desempleo, se guarece bajo el paraguas familiar, se dedica a la chapuza clandestina o sobrevive a expensas de la caridad pública.

El reparto: la distribución de los ingresos es cada vez más desigual. Los beneficios empresariales ya superan a los salarios. La quinta parte más rica de la población acapara una porción de tarta quince veces mayor que la quinta parte más pobre. En toda la UE, solo Lituania supera a España en crecimiento de la desigualdad.

Sin embargo, alega el optimista de turno, la tercera pata del trípode se ha fortalecido. La productividad aparente del trabajo ha mejorado. Y en esa ilusión basan los ministros del ramo la presunta existencia de brotes verdes. Pero la campiña, desgraciadamente, no reverdece. Se trata de un espejismo, consecuencia de la brutal depuración del mercado de trabajo. Lo acaba de certificar un informe de la Fundación BBVA: «La ocupación que sobrevive a la crisis es más productiva». Dicho de otro modo: la producción ha caído menos que el empleo y por eso es mayor el producto generado por cada trabajador. Aunque lo parezca, no somos más altos: simplemente han desaparecido, camino de las colas del paro, los más bajos del grupo. Eso es todo.