Nunca los programas de libros prendieron en la hoguera de la televisión en España. En cambio, en Alemania y en Francia sí ha sucedido que los espacios de literatura captasen la atención. Incluso en Estados Unidos. Una recomendación de Oprah Winfrey cambia la vida de cualquier autor. Con mucho más poso, lo mismo sucedía en Francia con Bernard Pívot, y, por supuesto, en Alemania, con Marcel Reich-Ranicki. Alemania nos lleva la delantera, y no solo en el Bayern, en economía (cuando votábamos el euro no sabíamos que votábamos el marco) y en otras muchas cosas. También nos adelanta en educación. Y las apuestas literarias que hacía Marcel Reich-Ranicki eran contundentes, pero sólidas. Su vehemencia tenía cimientos de titán muy leído. Autor que tocaba con su varita, escritor que vendía cientos de miles de libros. Lo hizo con Cees Nooteboom, el holandés. Reich-Ranicki, que vivió una primera parte de su vida espantosa como judío en el gueto y luego en la Polonia comunista (y cárcel), tuvo un renacimiento como estrella en periódicos y televisión. Era el crítico por excelencia, y desde la excelencia. Él hizo que Javier Marías se convirtiese en el escritor más leído en Alemania y vendiese Corazón tan blanco o Mañana en la batalla piensa en mí como churros. Un hombre que lee (que leía), eso fue Reich-Ranicki.