Rajoy sin careta

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

Antes de ser presidente, Mariano Rajoy pasaba por ser un político previsible, moderado, un tanto blando, poco resolutivo. Para entendernos, si Aznar era y es un halcón de la política, Rajoy sería una paloma. Dos años después de su llegada a la Moncloa hay que revisar ese perfil, porque ya no vale. Lo de previsible se ha convertido en una broma pesada, ya que ha incumplido sistemáticamente su programa y sus promesas. Eso sí, uno de los pocos compromisos que ha llevado a cabo a rajatabla ha sido la nueva ley del aborto, más restrictiva que la de 1985 y que aleja nuestra legislación de la europea. Además, Rajoy ha aprobado una ley de educación de gran carga ideológica y una ley de seguridad bautizada como mordaza, endurecido el Código Penal a golpe de telediario y anunciado una regulación de los servicios mínimos que no pretende otra cosa que limitar el derecho de huelga. Y, con paso firme, ha ido ocupando las instituciones y el poder judicial de forma abrumadora. A la chita callando, sin grandes discursos, a veces sin ni siquiera dar explicaciones, el político tenido por indolente y dubitativo está dejando una huella ideológica en su mandato mayor que Aznar, que, por ejemplo, no tocó la ley del aborto. Por otro lado, hemos visto a un Rajoy capaz de mantener que un registro de la sede de su partido de 14 horas, ordenado por un juez por falta de colaboración con la Justicia, no es un registro sino precisamente colaborar con la Justicia. Muchos están descubriendo a un Rajoy desconocido, sin careta. De teflón, muy escorado a la derecha, imprevisible cuando le parece, populista y especialista en convertir lo negro en blanco.