Cuenta Máximo Pradera que desde que Ruiz-Gallardón es ministro de Justicia ha consentido la ejecución de más de doscientos mil españoles. Ahora parece que quiere parar semejante masacre con la nueva ley del aborto. Pero es una ley criminal, porque legaliza la ejecución de inocentes cuando sus padres hayan cometido delitos contra la libertad sexual, los violadores. Este es el escenario de sus creencias. Por eso estoy convencido de que mienten. No pueden creer que un embrión de cuatro semanas sea un ser humano, porque si lo creyeran tendrían que estar en la cárcel.
Ahora quieren una ley que penetre como un fórceps por las trompas de falopio de las españolas, tutelar y vigilar las reacciones de las células en los ovarios de las funcionarias, las juezas, las cajeras de los supermercados. Pretenden, cuando una mujer quiera interrumpir su embarazo, que se reúna la junta de vecinos de su casa, que se hable de su vagina y de sus óvulos, de las circunstancias en que fue inseminada. Y tal vez se decida obligarle a tener un hijo que no desea. Como a una vaca.
Yo creo que el aborto es algo indeseado, pero que es algo privado. Creo que el Estado debe limitarse a poner a disposición de la mujer todos los medios para evitarlo. A partir de ahí creo que cualquier mujer se merece el respeto, la prudencia, la discreción y el apoyo de su Gobierno con la decisión que tome. Y los demás que sigan a lo suyo y miren para otro lado, que este asunto no les concierne.