Es cierto que, a la vista de los resultados empíricos, las políticas natalistas basadas en incentivos fiscales y ayudas sociales, que son estrategias comunes a casi todos los países europeos, son positivas pero su efecto cuantitativo no suele ser suficiente para reponer la pirámide demográfica. Cierto es también que las decisiones personales sobre el número de hijos, aunque se basan en los valores, se ven favorecidas por el crecimiento de la renta y del empleo. También hay certeza de que la bonanza económica atrae a la inmigración, que aporta siempre una renovación demográfica, y por eso cuando la economía y el empleo se derrumban los inmigrantes se van. Pero con ser todo eso cierto, lo más preocupante de la situación demográfica de Galicia es su estructura poblacional. Me explico. Somos una sociedad muy envejecida, de las más envejecidas del mundo. Sus causas se hunden en anteriores y prolongados períodos emigratorios, de los cuales ahora pagamos las consecuencias. Por eso si al decrecimiento provocado por tener un saldo vegetativo negativo, que tiende a crecer, se une una nueva etapa emigratoria de los jóvenes, como la actual, basta con hacer una trasposición en el tiempo para visualizar un futuro demográfico irrecuperable.
Solo queda un camino, como ocurrió en todas las etapas anteriores: incorporarse a la nueva reindustrialización para crear empleo, evitar que los jóvenes se vayan y atraer inmigrantes cualificados. Por eso las noticias recientes auguran una cierta esperanza. Por un lado, se atisba un repunte de la natalidad; por otro, y aunque coyunturalmente perdemos peso industrial, las inversiones recientes anuncian mejores tiempos. Por un lado, las buenas noticias para Citroën y el sector naval vigués; por otro, los nuevos encargos a los astilleros ferrolanos en áreas tecnológicas emergentes, acompañadas de un positivo avance investigador de sus centros universitarios; y, asimismo, cuantiosas inversiones productivas que se esperan para el nuevo puerto exterior coruñés.
Estamos también a tiempo para incorporarnos a la nueva revolución industrial. Hay apoyos para ello, en campos tales como la biotecnología y la biomedicina, y ya con una presencia considerable las industrias tics. Como ejemplo este: en el entorno metropolitano de A Coruña se ha constituido uno de los cinco principales polos españoles de industrias tics, con más de 6.000 empleos. Y si la economía productiva y la creación de empleo siguen así, nuestra negativa situación demográfica podría empezar a cambiar. Lo necesitamos porque cada vez somos menos. Miremos con esperanza.