Brand Spain

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

Es una cuestión menor, o no, pero no deja de sorprenderme, e incluso me siento moderadamente agraviado por el menosprecio que supone al idioma, que es el santo y seña de la marca España, ese gran fiasco vacío de contenido, y al que se le ha dado la estocada final desde un ente público financiado por todos los españoles como es la deficitaria Televisión Española.

España es un viejo rico país pobre. No somos punteros fabricando bienes de equipo, nuestra industria tiene los centros de decisión, las casas matrices fuera del país, el gran patrimonio económico creciente que poseemos y no cuidamos es el español, la gran patria común de un idioma en el que se expresan cerca de quinientos millones de personas.

Pero héteme aquí que en ese escaparate dudosamente cultural que es el festival anual de Eurovisión, y en el año que se conmemora el cuatrocientos aniversario del fallecimiento de Miguel de Cervantes, al idioma se le clava una daga en su corazón seleccionando como tema musical a competición una canción ¡¡¡en inglés!!!

Y siguiendo un viejo anuncio que denuncia el abandono de perros, «él no lo haría», imaginemos el planteamiento al revés. Sería para los ingleses una desgracia nacional, un desdoro y del todo imposible que la canción que presentara el Reino Unido al friki certamen fuera ¡¡¡en español!!!

Somos un desastre, maestros del más pacato papanatismo, líderes en no querernos, campeones en el desprecio indisimulado de nuestra cultura. Acaso estamos instalados en un proceso de aculturización propiciado por el poder, empeñado en mirar siempre para otro lado.

Citaba líneas arriba a Cervantes, ninguneado en su cuarto centenario, mientras que su coetáneo Shakespeare es ensalzado por todos en las cuatro esquinas de Gran Bretaña con más de tres mil actos en todos los rincones británicos. Es la diferencia que, utilizando el título de la novela de Austen, subraya la distancia entre los dos países, Orgullo y prejuicio. Orgullo de los ingleses y prejuicio hispánico de no realzar nuestros valores,

Brand Spain, marca España para competir en la gala musical, Spain guanpoint, en un festival arcaico y viejuno donde siempre nos clasificamos (Quién maneja mi barca) por debajo del puesto número quince y en el que los viejos países de la nueva Europa se votan entre sí y el galardón se lo llevan un grupo disfrazado de personajes de Juego de tronos o la mujer barbuda de hispánico nombre.

Y así nos va, así vamos de la ceca a la meca, dando palos de ciego, trastabillando, reinventando una vez mas la pólvora, sin querer enterarnos de que, cuando se moja, es ineficaz. Es una cuestión menor, o no. Brand Spain.