Este es el mes de los propósitos y los despropósitos, de la filiación masiva a gimnasios, cursillos de inglés, dietas y programas para dejar de fumar
07 ene 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Enero es el mes de los propósitos y los despropósitos. Los dueños de gimnasios explican que siempre, por estas fechas, se produce una afiliación masiva. Luego, entre un tercio y el ochenta por ciento de los voluntariosos de enero abandonan antes de que termine el mes. Lo mismo sucede con los cursillos de inglés, con las dietas de adelgazamiento y con los programas para dejar de fumar. Llega febrero y en las aceras mojadas se pueden ver, empapados y pegados unos a otros, los bonos de los gimnasios, los prospectos de las academias de idiomas y las cajas de Donuts, como un naufragio de la voluntad.
Además del mes de los propósitos, enero es también el de los pronósticos. Antiguamente, en Galicia al menos, los paisanos utilizaban los doce primeros días del mes para barruntar el tiempo que haría a lo largo del año. La técnica consistía en atribuir a cada uno de esos días un mes, y así, si, por ejemplo, el día de Reyes llovía, lo haría también en junio.
No parece un método muy fiable, pero lo cierto es que cuando se trata del futuro ninguno lo es. A mí me llamaron esta semana de una radio y me preguntaron lo que pasaría este año en el mundo, como si yo pudiese saberlo. Me saqué de la manga cuatro o cinco cosas que supongo probables. Entre ellas, dije que estaba convencido de que este año se terminaría por fin la guerra en Siria; pero luego me quedé pensando si más que un pronóstico no estaría enunciando un deseo.
En realidad, todo esto ha sido siempre así. Mucho antes de que se inventaran los bonos para el gimnasio y los programas de radio sobre política internacional, enero era ya el mes de las promesas y los pronósticos. Ese era uno de los negociados del dios Jano, que en la antigua Roma presidía el mes de enero, al que de hecho daba nombre (Ianuarius). Puesto que enero marcaba el paso de un año a otro, Jano era el dios de los cambios, de las puertas, los linderos y los caminos. Más genéricamente, era el dios de los comienzos y los finales, y por eso se le representaba como un rostro con dos caras, una mirando a la derecha y la otra a la izquierda. Al pasado y al futuro, a lo que fue y a lo que será.
De esa guisa aparecía Jano en la moneda de as romana. Yo tengo una en casa, una pieza conmemorativa que se acuñó para las fiestas del Arde Lucus de Lugo -creo recordar que en el del 2013-. En el reverso figura una proa de nave a derecha y en el anverso el dios Jano bifronte con sus dos caras: el dios de este mes de enero. Se acuñaron cuatro mil monedas, que se vendían a dos euros, y el resultado es que Lugo debe de ser, quizás, la ciudad del mundo más devota de Jano sin saberlo.
Pensando en la moneda me acordé de que había otro aspecto más de Jano. Era el dios de la guerra y de la paz, puesto que al fin y al cabo ambas son un final y un principio. Cada vez que Roma iniciaba una guerra, las puertas de su templo en el Foro se abrían de par en par y dentro se hacían ofrendas por la victoria. Esas puertas solo se cerraban cuando no había ninguna guerra, lo que, para qué vamos a engañarnos, era más bien infrecuente (Tito Livio dice que solo se cerraron dos veces).
Me da pereza ir a un gimnasio, no fumo, tengo el colesterol bien y ya sé inglés, así que, si en estos días se puede barruntar el año como lo hacían los campesinos, mi único propósito de año nuevo sería ver cumplido ese pronóstico mío de que en los próximos meses termine la guerra de Siria. Que las pesadas puertas del templo de Jano se cierren y, como creían los romanos, la guerra se quede encerrada dentro, en el silencio y la oscuridad.