Una de mis películas favoritas se titula El ataque de los tomates asesinos. En síntesis, el argumento cuenta cómo los tomates, hartos de tantos años de acabar como sofrito o Bloody Mary, están cobrando vida y están asesinando a los humanos. Se sospecha que este hecho está provocado por un pesticida creado por un loco que quiere el control del mundo. Solo un agente especial y su osado comando lucharán para detener la invasión de tomates que se avecina y que amenaza a la humanidad.
Esa obra maestra forma parte de una saga de películas de terror en las que extraños organismos u objetos cobran vida y se rebelan contra los humanos. Es destacable, también, el filme griego El ataque de la moussaka gigante, en donde ese plato tradicional balcánico es sometido a una radiación y crece excesivamente atrapando dentro a la protagonista. Nos encantan esos sucesos extraordinarios, no podemos evitarlo.
El asunto viene al caso de la fiebre desatada por la aparición de una serie de personas que han sido mordidas por víboras. Vaya por delante que no pretendo frivolizar con un asunto tan serio, que te muerda una víbora debe de ser tremendo además de peligroso para la salud, pero ya he empezado a escuchar por ahí que no se puede ir a la playa de no sé donde, o que hay que andar siempre con calcetines porque las víboras acechan.
Recuerdo algo parecido cuando la gente descubrió que existía la avispa asiática, resultaba imposible estar en una terraza sin que algún turista avisara de la presencia del peligro volador, recordando que no deberíamos salir corriendo porque una característica de la avispa era que te perseguía. Lo ocurrido este fin de semana en la playa Miño, en donde unas abejas buscaban la sombra, es un buen ejemplo del pánico dominante.
Pues bien, no quiero decepcionar a los amantes de estos sucesos, pero en España muere una persona al año por mordedura de víbora y la probabilidad de que ataque a un turista en las dunas es más de mil veces inferior a que sufra un melanoma si sigue tomando el sol en las horas centrales del día. En consecuencia, es mucho más útil para la salud el uso de cremas protectoras que de calcetines.
Respecto a la picadura de avispa asiática en nuestra terraza favorita, lo mismo. Es muy improbable. Tómense la cerveza tranquilos porque lo peor que les puede ocurrir, y no es poco, es que la cerveza esté caliente o que en la mesa de al lado unos tipos en bañador canten el Despacito con extraña afinación.
Desconozco la razón por la que en los últimos días las víboras parecen haberse hecho más visibles, los herpetólogos nos dirán si es verdad. Sobre el comportamiento de las avispas, el viento y la temperatura las condiciona igual que a nosotros. La hipótesis de que los animales han desatado una batalla contra las invasiones de turistas es sugerente, pero, tranquilícense, esto no es el comienzo de una época de fenómenos extraños: los pimientos de Herbón no dejarán de picar.
No lo olviden, ni víbora ni avispas, el ser humano es el animal más peligroso.