Un modelo de sociedad del conocimiento

Carlos Peña y Enrique Castellón FIRMAS INVITADAS

OPINIÓN

Mike Segar | reuters

22 sep 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay palabras, como innovación, gastadas por un uso muchas veces retórico y que acaban por perder su significado sin llegar a penetrar en la cultura de una sociedad. Es importante reflexionar sobre el modelo de sociedad que vamos a dejar a nuestros hijos: una basada únicamente en el sector servicios y en el turismo o una que permita desarrollarse y competir dentro de la economía del conocimiento.

Como resultado del esfuerzo de las familias y del sistema educativo están surgiendo generaciones de profesionales que se han desarrollado en entornos abiertos, con acceso al conocimiento y a la cultura global, sin limitaciones geográficas ni de comunicación. Probablemente, nunca en la historia, Galicia ha generado tanto talento y con tan gran potencial.

Si bien la globalización representa una puerta abierta al conocimiento, también supone un riesgo de fuga de talento, de perder a los jóvenes mejor preparados y de no captar talento foráneo. En el entorno actual las oportunidades laborales que se generan en una región compiten con las oportunidades que se generan fuera de sus fronteras, donde se consolidan polos con cada vez mayor capacidad de atracción y retención de los mejores perfiles profesionales.

Galicia es un ejemplo de ecosistema sanitario con potencial para ser competitivo en un entorno global. La tradición y la intersección del mundo biotecnológico con las ingeniería informática y de comunicaciones, lo posiciona favorablemente. Estamos contribuyendo al diseño de nuevos servicios, software y dispositivos médicos que aporten más valor a menor coste al proceso asistencial y al desarrollo de nuevos fármacos y sistemas de diagnóstico. Galicia posee capacidad demostrada de generación de conocimientos científicos y también cuenta con importantes infraestructuras tecnológicas. Sin embargo el impacto de este ecosistema en la sociedad es, hasta el momento, limitado. Y, a la postre, solo hay dos opciones: crear tecnología a partir de nuestro conocimiento o ser un mero comprador de innovaciones con un coste cada vez mayor.

Conviene reflexionar sobre ello. En una sociedad con un envejecimiento progresivo, en el que un porcentaje desconocido, creciente y silencioso de jóvenes preparados cruza las fronteras para solo volver en vacaciones, el mayor riesgo es no actuar. Una sociedad de oportunidades es aquella que ofrece puestos de trabajo de calidad pero también aquella que permite el desarrollo de proyectos ligados al conocimiento científico y tecnológico.

Un artículo publicado en el World Economic Forum se titula El ingrediente olvidado en la innovación: paciencia. Es justo lo que se necesita para trasladar todas las capacidades y conocimientos a su uso en la clínica. Es otra forma de decir que se necesitan recursos a largo plazo en ecosistemas donde es difícil encontrar políticos, funcionarios, académicos o inversores visionarios que apoyen proyectos que nacen en los centros de investigación o en las universidades.

Entre la gente joven y preparada está surgiendo con mucha fuerza el espíritu emprendedor. Más lentamente se manifiesta en los ámbitos de gobierno y mucho más lentamente entre inversores institucionales y privados. Esta asimetría nos mantiene rezagados. Hay países, que han conseguido alinear las aspiraciones e intereses de diferentes actores hacia objetivos comunes. Y sus éxitos deberían enseñarnos a transitar ese camino.

Se necesitan recursos a largo plazo en ecosistemas donde es difícil encontrar políticos, funcionarios, académicos o inversores visionarios que apoyen proyectos que nacen en centros de investigación