Los aplausos del abejero europeo


Aunque es una de nuestras aves rapaces más discretas y viajeras, hay un momento del año en que el abejero europeo se vuelve tan ostentoso como territorial. Es cuando, recién regresado de pasar el invierno en África, marca la que será su finca forestal particular hasta que vuelva a marcharse. Vuela entonces sobre esa propiedad de manera inconfundible, con un trayecto ondulante en el que, cada vez que cobra altura, extiende sus alas hacia arriba hasta hacer chocar sus extremos en una especie de aplauso entusiasta. Es toda una exhibición de energía y disposición. Y para cualquier persona con curiosidad y sensibilidad por los fenómenos de la naturaleza, además, una celebración: la de que por fin ha llegado la primavera en todo su esplendor.

Y es que los abejeros europeos son de las últimas aves migradoras en regresar de África cada año. Lo hacen entre mediados de abril y mayo. El poco tiempo que pasan con nosotros, pues nos abandonan entre agosto y septiembre, lo dedican a formar una familia. Anidan en árboles altos y ponen de uno a tres huevos. Los pollos, cuidados por ambos padres, vuelan en torno a cuarenta días después de romper el cascarón. Cuando nos dejan, se unen a uno de los más fabulosos espectáculos de la biodiversidad del planeta: el paso de millones de aves sobre el estrecho de Gibraltar. Se calcula que entre 90.000 y 110.000 abejeros abandonan Europa por ahí cada otoño, muchos originarios de Centroeuropa y Escandinavia.

Es difícil saber dónde están ahora mismo los abejeros que crían en Galicia. Acaso en lugares muy diferentes. Quizá entre Guinea y la República Centroafricana. O más al sur. El marcaje en Holanda a una pareja con un sistema de seguimiento que permitía conocer dónde estaba en cada instante, reveló que mientras el macho volaba hasta Angola, su pareja se quedaba en Liberia.

Sean cuales sean los destinos invernales africanos de los nuestros, no es improbable que desde ellos recuerden más de una vez sus fincas de esta esquina de Iberia, y la gastronomía con la que sus hijos crecen y se hacen fuertes cada primavera aquí. Incluidas las larvas de velutina que, según nos cuentan, podrían formar parte importante de su dieta.

Cuando esos abejeros regresen dentro de unos meses, también nosotros deberíamos aplaudirles con entusiasmo. Y no solo porque quizá nos puedan ayudar a combatir esa plaga invasora. También, y sobre todo, porque gracias a ellos hemos comprendido lo fundamental que es proteger todas nuestras aves silvestres.

Para saber más:

Por Antonio Sandoval Rey Experto en ornitología

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