La mariscala Arrimadas


Si las elecciones del 28 de abril fueran una partida de ese juego clásico llamado Stratego, Ciudadanos tendría dos mariscales de campo, dos figuras de máxima autoridad, supuestamente letales en el campo de batalla electoral. El primero, el que tiene la potestas, lleva los galones y las charreteras, es Albert Rivera, integrante por voluntad propia de la derecha tricéfala (o trifálica, la ministra Delgado dixit) y que ha marcado la precampaña con una decisión que acabará pasándole factura (un tiro en ambos pies): el veto preventivo a cualquier posible pacto centrista y centrado con el PSOE.

La segunda es Inés Arrimadas. Ella, que ganó las elecciones autonómicas en Cataluña y es una de las supuestas favoritas del electorado, tiene la auctoritas, pero aún está en discusión su presencia en las listas del partido naranja. Su nombre ha sonado como posible cabeza de lista por Barcelona (una plaza clave para saber quién decidirá el próximo cambio de colchón en Moncloa) o como número dos por Madrid.

Se ha montado un alboroto. Ha resucitado una pregunta que sobrevuela hace tiempo los foros de debate políticos: ¿Lograrían mejores resultados los naranjas en las urnas con ella de cabeza de cartel? La cuestión es pertinente. Albert Rivera es acreditado campeón de encuestas, pero no de urnas. Y su partido, que aspira a sobrepasar al PP como principal fuerza del centro derecha, aún tiene pendiente consolidar su estructura en parte del territorio.

Las generales en España se dirimen en las provincias. Se pueden ganar en Barcelona, Madrid o Sevilla. Y se pueden perder en Soria, Lugo u Ourense, donde los escasos escaños a repartir hacen crujir las costuras de la proporcionalidad del sistema. Ahí le faltan nombres a Ciudadanos. No los pueden conseguir por arte de magia o por una promesa wasapera y cuñadesca de Vox, pero, ¿ayudaría la presencia de Arrimadas a mejorar los resultados de manera transversal? Parece que sí, pero ella calla. Y la dirección de su partido, muy poco entusiasta, curiosamente la ha desviado a las primarias. Si Inés no va en las listas, ¿habrá que cantarle aquello de Fueron los celos, Albert? ¿Y si va? ¿Cuál será su impacto?

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