La víctima de la Manada ha roto su silencio en El programa de Ana Rosa. Tiene sentido, pero algo nos previene contra el amarillo visto lo visto, al reabrirse en streamig el caso Alcásser, el triple crimen que conmocionó entero al país, desató el pánico y acabó con el autostop como medio aceptable de transporte nocturno. Crimen y caso son en Alcàsser cosas distintas, como se ocupa de mostrar la serie de Netflix que nos devuelve a aquel 13 de noviembre de 1992, al infierno de meses que se convertirían en años bajo los efectos opiáceos del dolor y la sed rabiosa de justicia. El crimen fue un feminicidio (múltiple) de libro, y el caso una esperpéntica ola que cruzó varios Mississippis por la gula de la audiencia a cualquier precio. Pepe Navarro sirvió el pastel con guante blanco (y corbata fulera), pero antes lo hornearon Paco Lobatón (el único que en la serie entona el mea culpa) y, sobre todo, Nieves Herrero. Estremece la desvergüenza de sus preguntas. Y el público haciendo la ola...
Casi 27 años después del asesinato de Toñi, Miriam y Desirée, hubo condena (Ricart, sentenciado a 170 años, está en la calle), pero siguen en el aire el paradero de Anglés y algunas preguntas (¿siete pelos = siete implicados en el crimen?)
Los Anglés lo bordan como Los santos inocentes. Pero esto no es una novela ni una película, aunque el show no se acaba. Tampoco nuestra curiosidad.