Menos mal que conozco los entresijos de esa entrevista y ese titular que le dio Marta Sánchez a mi compañero Carlos Crespo en el que aseguraba en este periódico: «Yo soy la Rosalía de mi generación». Menos mal que tenemos en nuestras manos el audio y conocemos al gran profesional que se la hizo porque si no, ya nos veía a todos los implicados en un polideluxe debatiendo en televisión toda la verdad de esa conversación que ha devuelto estos días la popularidad a Martísima.
Una Marta Sánchez que en los noventa se cansaba de decir que la confundían con Madonna, que en el 2007 aseguraba que la americana no se atrevería a cantar con ella y que hoy sabe a la perfección que el nombre de Rosalía te coloca en Google en cero coma. Eso a ella no se le escapa, pero tampoco nadie le va a quitar el mérito de haber sido un sex symbol que visitó a las tropas y todo un fenómeno musical en España; nadie le va a quitar el mérito de haber sido una de las artistas más famosas ni vamos a negarle su voz. No. Pero a mí (y esto es absolutamente personal) me hubiera gustado que ese divismo y esa grandeza de profesional que la hace compararse con Rosalía, se la hubiera aplicado el sábado cuando faltó a su cita con el público que la esperaba en la sala Pelícano de A Coruña. Marta fue la única que no apareció. Allí estuvieron Gurruchaga, Rafa Sánchez de La Unión y Alejo Estivel de Tequila. Marta no llegó en su avión por un temporal anunciado tres días antes. Ella fue la única que dejó el show «colgado en sus manos».