Dicen que se nos están multiplicando los políticos belicosos y pendencieros que quieren abrir abismos entre los distintos partidos que forman el Parlamento español. Es una afirmación excesiva o, cuando menos, precipitada, que no comparto. Pero sí creo que se ha enrarecido el clima político desde que el presidente Sánchez comenzó a bailar «la danza de los mil pactos» con casi todas las posibilidades de emparejamiento abiertas.
Las interpretaciones de lo que está sucediendo son múltiples y diversas, y ya no faltan las que coinciden, por ejemplo, en que los extremos se retroalimentan y que la política española es hoy «la más polarizada de Europa». Y tampoco faltan versiones ajenas o externas, como la de la televisión rusa RT, que habla de un «tóxico clima de crispación» entre nosotros. Versiones extremas, cuando la realidad es que aquí estamos en el trance de superar una pandemia, sin demasiada conciencia de la dimensión política de la situación…, aunque algunos políticos traten de rentabilizarla en su provecho.
Coincidimos, creo, en que la auténtica democracia es el sistema político que defiende la soberanía del pueblo y su derecho a elegir y controlar a los gobernantes. Si no es así y no se juega dentro de estas coordenadas, el riesgo de descarrilar existe y puede resultar nefasto para la convivencia. Por eso hay que manifestar con energía y claridad que el verdadero patriotismo -lo dijo el presidente francés Charles de Gaulle en su día- solo se alcanza «cuando el amor por tu propio pueblo es lo primero». En esta línea deberíamos reencaminarnos todos hacia un venturoso porvenir. Porque es posible.
Lo peor de los malos pasos es que no siempre son fáciles de desandar. Por eso es tan importante que abandonemos el camino de los enconos y busquemos la mejor senda hacia un futuro de armonía, entendimiento y prosperidad. Porque fuera de esta ruta no nos espera nada cordial. Mírese alrededor y obsérvese el panorama: lo bueno y lo malo no paran de dar vueltas en torno a un presente teñido de incertidumbres y de crisis.
Desde hace años convivimos en un Estado de las Autonomías. Y cabe decir que el sistema ha funcionado bien, pese a desajustes o confrontaciones. Lograr la armonía del conjunto es «el gran desafío» que tenemos ahora por delante, como bien dijo Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, que vive en España y es un buen observador.